TITO LIVIO CALDAS ES UN ADMIRABLE patriarca liberal, a quien le molestan el monopolio de las licoreras departamentales, las rentas cedidas a los notarios, la falta de libertad para decidir en el testamento, e incluso el monopolio estatal en la fabricación de armas.
Tiene una sensibilidad exquisita para detectar lo que son rezagos de la Colonia, y energía para combatirlos, desde la formidable tribuna de Ámbito Jurídico, los libros de Legis y el Instituto Libertad y Progreso. En 2010, sin embargo, yo quería decirle, con el respeto que me merece, que su agenda liberal es muy del siglo XIX y que toca pensar una para el siglo XXI, más atenta a las aguas que corren. En varios encuentros le fui soltando unas ideas al patriarca, que siempre encontraba la forma de conectarlas con sus preocupaciones.
Abrí mi arsenal dándole en la pepa del gusto liberal-democrático: “La voluntad popular, expresada en las urnas, debe ser restituida como fuente del poder último”. Mientras pensaba en la cara que pondrían algunos de mis compañeros de generación de la Séptima Papeleta, añadí: “Hay que reafirmar, por acto legislativo, la no procedencia del control material por parte de la Corte Constitucional”. Semanas después, el candidato Juan Manuel Santos le dijo algo parecido a Yamid Amat en El Tiempo, pero no hubo escándalo, y ya de presidente él tiene otras comprensibles prioridades. El que no se tomó a la ligera las palabras de Santos fue el profesor y columnista de El Espectador Rodolfo Arango, que permanece vigilante. Tito Livio Caldas, por su parte, ya estaba listo para oír otras iniciativas liberales pensando en la “próxima década”.
En el campo de la democracia liberal, 1) “la democracia representativa debe ser fortalecida, con prioridad sobre la democracia participativa”, es decir, salvada de los diversos tipos de corrupción de la representación, sin desenfocarse en la idea más romántica de los mecanismos de participación, que no saben canalizar ni promover el civismo; y 2) “La cultura política liberal debe ser extendida y profundizada en la población para facilitar el cambio gradual y pacífico, lejos de la cultura política inmadura o de matriz marxista”. Así, un objetivo debe ser incrementar el nivel de participación electoral, especialmente entre los jóvenes, sin incurrir en el voto obligatorio.
¿Y qué decirle al elegido Santos? Porque Tito Livio es de los pocos que va a Casa de Nariño a abogar por ideas y no por intereses. Pues un gran esfuerzo en “Cultura para la libertad individual y la prosperidad colectiva”. 1) “El discurso imperante y las políticas públicas de los derechos deben ser complementados por las responsabilidades individuales”, y 2) “Los valores de la modernidad, afines a la prosperidad, deben ser promovidos concienzudamente por la educación”. Mi lora incluyó una “Sociedad civil sólida como contraparte del Estado” y unos vainazos a los liberales de derecha que no logran conciliar “libertad” e “intervención”, muy dogmáticos.