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Cívica, Urbanidad y Disciplina

18 de mayo de 2018 - 09:00 p. m.

O de cómo la educación forma los valores, las actitudes y los comportamientos para la democracia, la convivencia, la legalidad y la productividad.

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La exviceministra de Educación Isabel Segovia se burló de la propuesta de retomar las clases de Cívica y Urbanidad. “Cómo no se nos ocurrió antes”, ironizó, y en el afán de hacer campaña contra un candidato presidencial redujo la cuestión a que hay políticos que pretenden contrarrestar el efecto de su mal ejemplo con cátedras que no podrían resolver el “problema de descomposición social del país”.

Una mala idea, según la exvice, y aplauso del público que en tiempo electoral solo quiere confirmar sus prejuicios. Pero flaco favor le ha hecho al debate público al desestimar tan ligeramente una conversación esencial para el rediseño o reforma de la educación colombiana. 

Primero, que un candidato, y además el líder en las encuestas, esté preocupado por la formación de los valores y los comportamientos no es para burlarse, sino para cogerle la caña, si se le reconoce importancia al tema. 

Y segundo, ha debido contar que la propuesta no es tan novedosa porque en parte está en el artículo 41 de la Constitución: “En todas las instituciones de educación, oficiales o privadas, serán obligatorios el estudio de la Constitución y la Instrucción Cívica. Así mismo se fomentarán prácticas democráticas para el aprendizaje de los principios y valores de la participación ciudadana”. Se nos ocurrió desde 1991 y no lo hemos hecho bien, vea pues. 

Es probable, sin embargo, que la vice no haya captado todavía el mensaje que circula en el ambiente: es urgente una educación que inculque los valores y los comportamientos necesarios para avanzar rápidamente en desarrollo y modernidad. Hay que dar un timonazo, un giro, comenzar este cambio en la educación con un hecho simbólico, que sea un mensaje. Es lo que trata de decir todo candidato. 

Segovia les hizo creer a sus lectores que Duque no está ni tibio con esta propuesta, pero, como mostraré más adelante, en realidad está casi caliente. 

Contextualicemos antes al menos con i) el Estudio Internacional de Educación Cívica y Ciudadana, ICCS, en el que Colombia participó en 2009 y 2016; y ii) Saber 11, que tiene la prueba de Ciencias Sociales y Competencias Ciudadanas. 

Entre 21 países del ICCS (europeos, latinoamericanos y asiáticos), Colombia ocupó el puesto 18 en conocimiento cívico en 2016. Solo el 17,4%  de los estudiantes nuestros alcanzó el nivel más alto de desempeño.  Algunos datos: el 41 % exhibió una actitud  de aceptación de desobediencia de la ley bajo ciertas circunstancias. El 49 % aceptó actitudes favorables hacia la violencia. Es decir, estamos ante un reto muy serio.

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De otro lado, Competencias Ciudadanas en Saber 11 evalúa conocimientos (de la Constitución, básicamente), argumentación y pensamiento sistémico, no actitudes, ni opiniones, valores o creencias. Así que es preciso decidir cómo mediremos los perfiles axiológicos, actitudinales y comportamentales al finalizar primaria, básica secundaria, media y terciaria. El ICCS ayuda, pero se hace cada seis años y solamente con estudiantes de 14 años. 

Ahora, ¿por qué está casi caliente el candidato con su propuesta? Porque el presidente de la República sí puede, mediante reforma del Decreto 1290 de 2009, transmitir un giro de valores en la educación induciendo a que los colegios pongan en el boletín de notas “Cívica, Urbanidad y Disciplina” en lugar de solamente “Disciplina” o “Convivencia”, como ocurre hoy. 

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El Ministerio de Educación proporcionaría los parámetros para evaluar los tres componentes en las reuniones de docentes que hoy solamente se dedican a Disciplina o Convivencia. Los padres de familia recibirían una cartilla con los comportamientos que se promoverán y evaluarán en sus hijos como miembros de la comunidad, como individuos sociales (modales) y como estudiantes en el aula y colegio. 

Se dice que Cívica se imparte en Competencias Ciudadanas, que es transversal, aunque la Ley General de Educación (115 de 1994, art. 14) reitera que Constitución e Instrucción Cívica exigen asignatura específica. Urbanidad, totalmente ausente, puede cobijarse por ahora como una forma de los deberes, y Disciplina puede ser reformulada incluyendo habilidades del carácter y no simplemente ausencia de comportamientos antisociales o de desorden. 

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Todo esto puede hacerse para comenzar a implementarse en el año lectivo de 2019 de Calendario A, y sería un mensaje poderoso, al margen de la discusión que debemos dar sobre un currículo nacional, que llevará a cambiar la Ley General de Educación y a derogar el montón de cátedras superpuestas e ineficaces que hay, y probablemente a asegurar que sí se enseñen Cívica y Urbanidad. 

Para que se entienda más el mensaje del impulso a los valores que necesitamos, desde el último periódico académico de 2018 se puede instaurar el “Día de Aseo y Ornato” semestral del colegio (porque demasiadas comunidades educativas se han acostumbrado al desaseo, los baños inmundos y el deterioro de sus instalaciones, lo que fermenta valores que no nos convienen como sociedad). 

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Se puede comenzar un piloto de elección de personero estudiantil por dos años desde grado 10º y mediante votación electrónica (hoy es por menos de un año); reorientar el servicio social de grado 11º para que sea institucional del colegio hacia la comunidad, por ejemplo mediante la adopción del cuidado de parques, fuentes de agua o bosques. Y así otros pequeños cambios que indiquen que vamos hacia un gran cambio, que incluye la ética del trabajo que necesita la productividad. 

Ajá.  Cómo no se nos ocurrió antes.

@DanielMeraV

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