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De la merienda al fogón de negros

03 de agosto de 2012 - 05:50 p. m.

«Merienda de negros» es una expresión en desuso, prohibida socialmente en el lenguaje de los blancos y mestizos.

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“Fogón de negros” es un libro reciente sobre cocina y cultura, muy aplaudido, de Germán Patiño Ossa, un blanco. “Fiesta de negros” es la clave que mueve la asistencia de negros y blancos a ciertas rumbas, no más desenfrenadas que otras. Y así hay varias expresiones que sólo pueden usar los negros sobre sí mismos o los blancos con el tono correcto. Juan Esteban Constaín escribió “negros en el alma” en ‘El Tiempo’ (“Simpatía por el diablo”), y sonó a elogio.

¿Por qué el concejal capitalino Jorge Durán no domina las sutilezas del lenguaje en las ‘relaciones raciales’ en Colombia? Que, por cierto, incluyen a los indígenas. Con motivo del conflicto en el Cauca, muchos negros repetían que “el gobierno va a resolver el problema dándoles almuerzo, porque indio comido … indio ido”. El chiste privado no tiene la connotación de una expresión pública. Jorge Durán, una persona con escaso desarrollo cultural, no ‘maneja’ subcódigos lingüísticos y rompió uno.

No es casualidad que el diputado antioqueño Rodrigo Mesa también parezca —en una palabra que empieza a ser políticamente incorrecta— ‘ordinario’. ¿Pero importa señalar que entre “merienda” y “perfumar un bollo” hay una diferencia de naturaleza del agravio? El ‘clima’ indica que no, ambas son racistas, y a la hoguera pública y penal. La indignación, sin embargo, puede enceguecer. Primero, no significa que las personas ‘bien habladas’ no tengan los mismos prejuicios y, en algunos casos, mayores. Aunque, en general, las personas educadas han superado prejuicios y atavismos.

Segundo, el momento punitivo que vivimos en busca de la corrección y el respeto en el lenguaje público no agota ni constituye la lucha contra la discriminación. Es, además, un instrumento que debe ser administrado con precisión conceptual y analítica por la justicia. En buen juicio. La realidad no se encuentra ni la mitad en el lenguaje, y menos en el lenguaje que puede judicializarse. Como hay una riqueza de matices en el lenguaje aceptable, es mejor que la gente no crea que al quedar proscrita la “merienda de negros” se cancelan las invitaciones a las “fiestas de negros” y al “fogón de negros”. Depende del tonito, no de las palabras.

 

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