El paro reiteró que el sindicato pone los temas y los términos.
El Gobierno Santos bien podría decir: “Ahí les dejo la política de educación básica y media bajo el liderazgo de Fecode”. No estaría mal si tuviéramos una visión común y otros grupos de interés de la sociedad contaran con influencia, pero no es así.
Casi todos le temen a Fecode, por razones evidentes. Esta semana nos recordó que el temido paro docente es una demostración de poder recurrente. La ministra fue a Pregunta Yamid y nos quedó claro que la agenda educativa hoy obedece al acuerdo para levantar el paro de 37 días en 2017.
¿Podrá el próximo gobierno reorientar y ampliar la agenda sin una confrontación radical o traumática con Fecode? Depende, en primer lugar, de cuál gobierno. Si es uno dispuesto a hacer una reforma educativa, tendrá que encontrar la forma. Si es un gobierno interesado simplemente en invertir más en el sector, podrá seguir como vamos.
Fecode aclaró que este paro no fue por asuntos salariales, sino por incumplimiento en otros puntos. Como mostraron Sandra García, Darío Maldonado y Catherine Rodríguez en La Silla Llena, “la brecha salarial entre los maestros públicos en Colombia frente a los demás profesionales se cerró completamente”. Una buena noticia.
La noticia regular es que el Gobierno saliente no logró conectar la nivelación salarial con mejoras en pro de la calidad educativa. Al contrario, acordó una evaluación docente (con video) que no se debería sostener porque no valora resultados de la enseñanza.
En términos de Fecode, i) hay que proceder ya con la Evaluación de Carácter Diagnóstico Formativa, ECDF, para los ascensos, y ii) hay que reformar ya el Sistema General de Participaciones, SGP, porque la nómina docente está creciendo al doble de los ingresos corrientes de la nación.
Fecode denuncia que hubo un recorte de la bolsa de gratuidad (en realidad, es residual), que estaba en $ 591.000 millones, justamente porque la nómina va primero. La lógica que impera es la del interés económico gremial (“se hace lo que dijimos y consiga más plata para cumplir”).
La lógica de una reforma educativa sería: i) hagamos transitoria esta ECDF y con este alcance fiscal; ii) negociemos una nueva evaluación docente que la sociedad entienda como un compromiso con la calidad; iii) acordemos unas reglas e incentivos monetarios para los docentes en edad de jubilación; iv) establezcamos un nuevo estatuto docente con premios para que se acojan los del estatuto 2277 y alternativas al requisito de posgrado para ascenso, y v) dialoguemos todo esto con la sociedad para que las necesidades de financiación de la educación impulsen una reforma integral del SGP y del Sistema General de Regalías, SGR, fruto de un amplio consenso nacional, dado que la educación no es el único sector en la lucha presupuestal.
Esta sería la variable de reforma educativa más directa con Fecode, que ha logrado bajarle el perfil y también que el Gobierno le firme acogerse a sus principios de política en otras áreas cruciales, como la cobertura en preescolar, ni más ni menos. Según el acuerdo del paro de 2017, el nuevo Gobierno no podría plantearse esquemas mixtos para preescolar, ¿so pena de paro docente?
Para darse una idea de cómo están las cosas, el Gobierno se comprometió a que antes de finalizar el primer semestre de 2018 una comisión de alto nivel integrada por Minhacienda, Mineducación, la Procuraduría y Fecode, “entre otros”, deberá tener una propuesta de reforma integral del SGP para presentar al Congreso de la República.
Probablemente no lo logren porque los consensos ni las reformas se hacen así, por más susto que se le tenga a uno de los actores. En verdad, lo que necesitamos es una visión compartida y con vocación de largo plazo. Eso bajará el riesgo de confrontaciones radicales.