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La distancia entre Obama y Usaid Colombia (3)

11 de diciembre de 2015 - 09:00 p. m.

Los 15 años del Plan Colombia imponen un balance de su impacto en la población afrocolombiana … y ojalá un cambio.

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 Hace 15 años el control social local sobre la cooperación estadounidense habría resultado exótico. «Es dinero de sus contribuyentes y lo importante es que se lo gasten acá». Todavía la actitud predominante en las organizaciones es «estar bien» con la Embajada de Estados Unidos y el objetivo, «ser tenidos en cuenta». ¿En qué momento empezó a verse de otra forma el asunto? Porque Obama interpretó la nueva corriente, no la fundó con su discurso en el Foro de la Sociedad Civil de la VII Cumbre de las Américas.

«Empoderar para el cambio» es ahora una expresión recurrente, aunque sigan -en esencia- las prácticas de antes. Pera ya se sabe que las palabras suelen preceder a los hechos. Y lo que hizo Obama fue aceptar –de modo tácito, obviamente- que hay una situación moral y éticamente insostenible en la relación del gobierno de EE.UU. con la sociedad civil de otros países. Obama aceptó que han podido estar «defendiendo el interés propio» en vez de «hacer lo correcto» cuando se ayuda a un grupo en desventaja. Al hacerlo, mantiene a su gobierno al frente de la conversación, preservando la mejor posición posible una vez suceda el cambio necesario.

Una oportunidad para comenzar ese cambio en la relación con la población afrocolombiana es el balance de los 15 años del Plan Colombia. ¿Contra qué objetivos e indicadores se evaluará el impacto de los recursos invertidos en esta población? ¿Contra unos definidos por la Embajada, o por el gobierno colombiano, o por una confluencia con actores de la población beneficiada? Una observación crucial al Programa para Afrodescendientes e Indígenas, de Usaid, es que 62 millones de dólares después los resultados no se refieren a los objetivos estratégicos de la población afro, sino a los propios objetivos del Programa, establecidos ante sí y para sí.

Un seminario para hacer este balance tendría que incluir la cuestión de si la partida afro del Plan Colombia ha contribuido más al statu quo que al cambio en la posición de la población negra en este país. Como dijo Obama, la sociedad civil es indispensable para el cambio. Aquí no solo no se ha empoderado o fortalecido a la sociedad civil (para hablar con los poderes nacionales), sino que se creó un programa a término fijo (2016) que en vez de apoyar la construcción de capacidades estratégicas en la población se convirtió en un actor que desplaza a instituciones que sí perdurarán.

A la lógica de la diplomacia pública tradicional, preocupada por la visibilidad de la donación, se le añadió el interés corporativo del operador, al punto que por imponer los dos créditos una parte del público cree que son dos los donantes. Un cóctel cuya no repetición con los recursos no ejecutados del Plan Colombia, es el punto de partida de la conversación con Washington y Bogotá.

El embajador Whitaker y el director de Usaid Colombia, Natiello, pueden decidir si un legado de sus misiones en Colombia será dejar andando un cambio de fondo en el sentido indicado por Obama o no. La primera asamblea de alcaldes 2016-2109 de municipios con alta población afro, a comienzos de 2016, será un buen escenario para saberlo. Fin (por ahora).

@DanielMeraV (directivo de la Fundación Color de Colombia).

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