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Paradojas de Afrocolombianos del Año

18 de diciembre de 2015 - 09:04 p. m.

“Trabajamos para que este premio no sea necesario”, resumió Fidel Cano.

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Decía Luis Gilberto Murillo, director del programa presidencial Todos Somos Pacífico, que Afrocolombianos del Año se ha convertido en una institución y se espera cada diciembre. No tuve oportunidad de recordarle ante el encuentro de Semilleros de Becarios para Ser Pilo Paga de Cali, Tumaco, norte del Cauca y Buenaventura que la distinción acaba en 2019. Como acción afirmativa –de El Espectador– dura una década. No se ha previsto evaluar su continuidad, que implicaría cierto fracaso. Así que crear una institución para acabarla es una primera paradoja.

Naturalmente, la Fundación Color de Colombia podría seguir la distinción sin El Espectador más allá de 2019, pero es el periódico más antiguo del país el que hace la inclusión simbólica en la sociedad. Es acción afirmativa por el periódico, al que le ha costado el reclamo de una parte de sus lectores. Un diario filosóficamente liberal, y consistente, que otorga un reconocimiento de méritos circunscrito a personas de una ‘raza’, no deja de sorprender. Buscar la igualdad de trato a través de un trato diferenciado es una segunda paradoja.

A primera vista, algunos dicen que Afrocolombianos del Año promueve la auto-segregación. En una segunda mirada, se nota que reconoce los aportes al desarrollo del país en trece campos, sin el requisito de beneficiar directamente a la población afro. La narrativa de las 39 nominaciones de cada año, en general, muestra la integración a las instituciones principales de la sociedad, que definen el mérito. Que una distinción basada en un criterio divisivo sirva para aumentar la vinculación universalista de una población es una tercera paradoja.

Los más informados saben que Color de Colombia no promueve la política de cuotas ni el trato diferencial. De entrada parece una contradicción que gestione Afrocolombianos del Año. Esto conduce a la cuestión de la combinación de criterios para ayudar a un grupo ‘étnico-racial’ en desventaja. En Afrocolombianos del Año los estándares son los que se usan en el conjunto de la sociedad. No hay una medida de calidad o mérito distinta o adecuada. No hay acción afirmativa dentro de la acción afirmativa. Esta sería la cuarta paradoja.

Justamente por el trato universal dentro de la distinción algunos señalan que cómo se apoya a los desfavorecidos si los nominados son los que han tenido oportunidades. El reclamo asume que no hay relación entre unos y otros, e ignora la necesidad de referentes de orgullo en toda la población. De hecho, se entiende en la comunidad que el compromiso de El Espectador sea por 10 años, pero independientemente de eso, “nosotros necesitamos saber quiénes se han destacado y sí pudieron para sentirnos mejor”. Que una distinción que hace inclusión simbólica de los aventajados de un grupo en desventaja ayuda a todo el grupo es la quinta paradoja.

Siempre y cuando los aventajados tengan una noción más o menos compartida de responsabilidad con el grupo y logren volverla operativa.

@DanielMeraV (directivo de la Fundación Color de Colombia). 

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