El presidente Santos debería asistir a la recepción afroamericana de la embajada de Estados Unidos para presentar excusas a los afrocolombianos.
Nuestro presidente sofisticado llenó dos aviones con una representación del poder de una sociedad desigual como la nuestra y creyó que se iba a ver como de la sociedad entera ante un gobierno elegido por diversas minorías. O peor, simplemente no pensó en esa variable de la diplomacia, sino en el listado de la gente que le importa. Se expuso a que Obama le recordara en público a «los descendientes de esclavos reclamando un pedazo de la nueva Colombia», y pasó. Un ‘oso’ adicional al del tamaño de la comitiva, pero allá el presidente con sus prejuicios y complejos.
La cuestión es por qué puede hacerlo sin que pase mayor cosa. Cuando montó el show de la entrega de títulos de tierras colectivas ante Obama en Cartagena, tuvo el cuidado de no respetar el rol que le correspondía al alcalde de la ciudad, el negro Campo Elías Terán, y de no invitar a Tostao de ChocQuibTown a cantar el himno nacional con Shakira, digamos. En el campo de la inclusión simbólica, el presidente Santos le va ganando dos a cero a la población negra. O tres a cero, si se cuenta la promesa incumplida del gabinete, que nadie le obligó a hacer.
Puede excluir porque no hay un ‘poder afrocolombiano’. En palabras privadas y francas de un congresista afroamericano: «10 años ayudándolos y ustedes todavía son peso pluma. ¿Qué les pasa?». La respuesta tiene dos partes: i) los afrocolombianos no se ayudan mucho a sí mismos por la atomización y la desorientación, y ii) la ayuda estadounidense está lejos de empoderar a la población para que «no barran el piso» con ella.
Los congresistas de Estados Unidos no están al tanto de la ejecución de partidas específicas del Plan Colombia, ni del Plan de Acción Conjunto para Promover la Igualdad Étnico-Racial, CAPREE, firmado entre Colombia y EE.UU. en 2010. El interés y la confianza de ellos se debilitaron por los escándalos judiciales de congresistas afrocolombianos que habían recibido apoyo financiero estadounidense. Al punto que en la reciente misión colombiana a la 45 conferencia anual del Black Caucus en Washington, la expresión cambiaba al aclarar que se trataba de agentes de la sociedad civil.
El Black Caucus no tiene interlocutor en el Congreso colombiano, pese a que existe bancada afro. En cinco años, el CAPREE poco ha contado con la sociedad civil. En EE. UU. se instaló el comité civil el año pasado y en Colombia, nada. Los gobiernos van a su ritmo lento. USAID ejecuta las partidas bajo la lógica de tratar con receptores de fondos, no con interlocutores válidos para acordar el impacto global deseado de la ayuda. Claro, todo esto es mejor que lo que se tiene con cualquier otro país. Y es, en cierta medida, normal. Solo que ha llegado la hora de los balances. De 15 años del Plan Colombia. De 5 de CAPREE. De 8 de Obama –para los muy esperanzados–.
Los términos de los balances son la medida de la ambición. Como lo simbólico suele reflejar lo material, el desaire del presidente Santos recuerda bien la desigualdad de los indicadores de desarrollo y bienestar. «15, 20 años después si nos seguimos quejando de lo mismo, también es su fracaso como nuestro principal aliado internacional», es el mensaje para Estados Unidos, más allá del mandato de Obama. «No pedimos que nos resuelvan nuestros problemas, sino que nos apoyen para crear las capacidades estratégicas que nos permitan resolverlos». Al menos en el liderazgo afroamericano, no se ha encontrado a nadie que ante las cifras se muestre satisfecho con los incipientes balances.
Cada febrero se conmemora el Mes de la Historia Afroamericana en la casa del embajador de Estados Unidos en Bogotá. Asiste una buena representación de la comunidad afrocolombiana. Juan Manuel Santos podría ‘caer’ para el ‘mea culpa’ y comprometerse con dos cosas pertinentes que están andando: i) el cierre de brechas a través del Plan de Desarrollo, con sus metas específicas a 2018 (y la urgencia de los acuerdos sectoriales); y ii) la recepción en la embajada de Colombia en Washington con la comunidad afroamericana de interés para Colombia y su población negra, que cuenta con el sí del embajador Juan Carlos Pinzón, como parte de una estrategia de atracción de inversiones e intercambios.
Y, ya en son optimista, para ser receptivo con la aspiración de una responsabilidad en un viceministerio del posconflicto en cabeza de Óscar Gamboa, y los argumentos sobran.
Al embajador estadounidense siempre se le agradece el vino, la comida, la música y la hospitalidad. Lo que no tendrá precio y será un giro en la historia es cuando también nos dé la palabra en un ambiente adecuado y efectivo. @DanielMeraV (directivo de la Fundación Color de Colombia).