Terna del sector privado para director como gesto político del presidente en pacto por la productividad.
Una de las razones por las que se necesita un centro político robusto y programáticamente consistente es para hacer reformas institucionales que faciliten el desarrollo económico y el bienestar. Como en Colombia no lo tenemos, cada partido evita pagar los costos. Así, el proceso de cambios se torna muy lento, en exceso ecléctico y de horizonte incierto.
Sin embargo, las restricciones políticas operan para las decisiones, no para el análisis. Deberíamos tener cierta claridad sobre lo ideal o necesario y a partir de ahí acordar lo posible. Un buen caso son la llamada “educación para el trabajo” y la formación técnica y tecnológica, TyT, postsecundaria —la formación profesional universitaria también es para el trabajo—. “El número más grande” allí es el SENA, por presupuesto ($3,3 billones) y por matrícula (más de la mitad nacional en TyT).
Lo primero es rescatar al SENA de la politiquería. Tuvo seis directores en los mandatos de Santos y el actual secretario general de la Presidencia llevó las malas prácticas a un nuevo e inusitado nivel. El próximo presidente debería dar una señal contundente. Una forma podría ser pedirles una terna para director general a los representantes del sector privado (presidentes de la ANDI, Fenalco, SAC y Acopi) y de las dos confederaciones de trabajadores en el Consejo Directivo Nacional.
Hay que sacar al SENA del “reparto de la mermelada” con un director cuya misión no contemple nombrar recomendados de los congresistas como directores regionales de la entidad. Un director para el rescate del SENA sería un gesto político apreciable en el contexto del Pacto por la Productividad que ha propuesto el Consejo Privado de Competitividad, CPC.
Un director para fortalecer al SENA bajo el marco legal vigente —en una etapa que probablemente lleve los cuatro años—, abierto a las recomendaciones técnicas que se puedan ir implementando y dispuesto a liderar la adecuación de la entidad a los tiempos disruptivos de la cuarta revolución industrial y a los requerimientos de un país decidido por el desarrollo productivo, ojalá (y hay que aprovechar la “Partitura” coordinada por Clarke, Modet & C° Colombia). Lo que sería propiamente la “transformación del SENA” en el futuro.
El SENA es tal vez la primera entidad que debería suscribir el “Acuerdo por la transparencia y la profundización estadística en la educación” que es urgente para poder tener las evaluaciones soporte de los rediseños. No obstante, el conocimiento actual permite recomendaciones razonables como las que ha sintetizado el CPC:
i) Fortalecer el sistema de aseguramiento de la calidad para la educación técnica y tecnológica que ofrece (registro calificado); ii) focalizar las actuaciones en su misión; iii) rediseñar las mesas sectoriales; iv) fomentar el fortalecimiento de otras entidades de formación técnica y tecnológica, entre otras acciones; o el BID: v) establecer un sistema de aseguramiento de la calidad independiente para su oferta de formación no formal.
Un director innovador del SENA podría hacer un piloto de “matrícula con ahorro en acciones de fondo inversionista” en lugar de matrícula gratuita en programas de TyT: lo que el estudiante pague lo convierte en titular de acciones que pueden financiar emprendimientos, en un esquema que evolucione el Fondo Emprender y que debería corresponder a una política más ambiciosa del país en capitalismo accionario incluyente.
Luego está el rol del SENA en la reforma institucional del subsector de educación superior. La decisión fuerte de pasar el SENA a la órbita del Ministerio de Educación (Comisión del Gasto lo dice, p.e.) podría matizarse si se eleva la valoración de la formación no formal con la certificación de competencias y el Marco Nacional de Cualificaciones, y da lugar a un pilar a cargo del SENA bajo la órbita de MinTrabajo.
Estamos en mora de repensar la “educación a lo largo de la vida”, que deberá formar las habilidades que exige el cambio tecnológico, entre otras, no necesariamente por oferta integrada en el Sistema Nacional de Educación Terciaria, SNET.
Lo que sí es cierto es que el SENA tiene un gran peso en la matrícula de educación superior, 20%, peso que probablemente aumentará, lo que induce hacia la órbita del MEN. Otro de los interesantes temas para reflexión del próximo director del SENA, que quiera Dios les dé estabilidad a los subdirectores de los casi 120 Centros de Formación, mientras vemos cómo serían los “Institutos de extensión tecnológica” (Partitura) y se estructura un subsistema de TyT, ojalá.