Flaco fervor se hace a la democracia, la inclusión y el pluralismo al dejar creer que el umbral electoral del 3% es un atentado contra las tres.
En la reforma política de 2003, el umbral del 2% se impuso ante la nociva realidad del sistema de partidos “más personalista del mundo”. Pocos lamentan que en 2006 decenas de “partidos” desaparecieran por efecto del umbral. Para la reforma de 2009, subir éste al 3% fue una medida negociada, pues se propuso del 5%. Una evolución consistente con el proyecto de unos pocos partidos grandes.
Pero ahora resulta que el umbral del 3% es una figura “perversa” que socavará la democracia… y van ganando el debate los que desmejoran, así, la cultura política. Partido pequeño no equivale a “minoría política” merecedora de protección especial, como están sugiriendo. Ni las minorías políticas equivalen a inclusión y a pluralismo per se. Si así fuera, devolvámonos a los “80 partidos” de 1998.
Los actuales son dolores del parto de un mejor sistema de partidos. No hay que asustarse. El umbral incentiva la agregación y el crecimiento. Que Cambio Radical cumpla su promesa de no permanencia. Que las izquierdas se pongan de acuerdo y formen un partido robusto, lo mismo que los grupos de base religiosa, como el MIRA. Que el Partido Verde incremente e interprete la conciencia ambientalista. Y que ojalá le cueste al PIN/Opción Ciudadana.
Sin partidos grandes no hay democracia que le sirva a una sociedad que aspire al desarrollo y al bienestar. Las minorías políticas lo son cuando responden al concepto de defender causas específicas: animalistas, secesionistas, comunistas, fundamentalistas religiosos, monarquistas, etcétera, justificándose normas especiales para su preservación. Así, el umbral no pone en riesgo a minorías políticas, sino a partidos pequeños incapaces de crecer o agregarse.
Sin partidos grandes, ¿cómo se haría la inclusión? Equiparar partidos pequeños a inclusión llevaría a que cada grupo excluido tenga un partido pequeño, con escaso poder. Es una falacia, un autoengaño. Son los partidos grandes los que mejor pueden gestionar los intereses de grupos sociales subrepresentados, incluir líderes de esos grupos y llevarlos al poder.
Tener partidos grandes con diferentes visiones y agendas es la condición esencial del pluralismo político-ideológico en una sociedad. Luego, el pluralismo interno de las grandes colectividades. En tercer lugar, el pluralismo que aportan las minorías políticas. Nuestro problema es que los partidos mayoritarios están lejos del ideal (y los pequeños también), pero hay que esperar a finales de 2014 para evaluar el impacto de la reforma política, en especial de la Ley estatutaria 1475 de 2011.
Está bien el derecho al pataleo, pero la demanda ante la Corte Constitucional merece dos comentarios: que el umbral del 3% “sustituyó la Constitución” serviría para recordarnos hasta dónde la Corte llegará en la extralimitación de su competencia de control de reforma (artículo 241.1 de la Carta), pero resulta que ya pasó el año siguiente a la promulgación del Acto Legislativo 01 de 2009 y no procede la demanda (artículo 379 constitucional). Lástima.