COMO LAS MAYORÍAS EN EL CONGREso están decididas a legislar sobre consumo de drogas en contravía a la tendencia mundial, vale la pena mirar qué leyes fracasadas se están cambiando en el mundo, para implantarlas en Colombia.
La ocasión de estimular la creatividad de los legisladores es oportuna, pues la aplanadora uribista (17 votos contra 2) de la Comisión Primera de la Cámara aprobó el proyecto para modificar la Constitución y prohibir la dosis personal. Esta semana el proyecto será debatido por primera vez en la plenaria de la Cámara. Ojalá los casos de México, Portugal y EE.UU. sirvan para inspirar el espíritu reaccionario que guía a nuestros legisladores gobiernistas.
En México, el presidente Calderón logró que su propuesta contra el “narcomenudeo” fuera aprobada. Calderón, un político de centro-derecha, afronta una ola de narcoviolencia que este año ha dejado 2.644 muertos. Ante la necesidad de concentrar los esfuerzos del Estado en los criminales, y frenar la persecución policial de jóvenes consumidores, optó por despenalizar dosis personales de marihuana, cocaína, heroína, LSD, metanfetamina, éxtasis y opio.
Hace ocho años, Portugal aprobó la legislación más progresiva en Europa frente al consumo de drogas (incluso más que la holandesa), al despenalizar las dosis mínimas de todas las drogas. Aunque en un principio los oponentes a la medida afirmaron que se dispararía el consumo, según cifras de la UE tomadas luego de la puesta en práctica de la medida, Portugal es el país con el porcentaje más bajo de consumo de droga en Europa.
El Departamento de Justicia de los EE.UU. está reevaluando la desproporcionalidad entre las penas impuestas a los portadores de crack (cocaína cocinada en bicarbonato) frente a los de cocaína. Actualmente una persona puede ser sentenciada a 10 años por portar 50 gramos de crack. Pero para recibir la misma pena por cocaína hay que tener 100 veces más droga, es decir, 5.000 gramos. El argumento que fomentó la ley, y que hoy está científicamente revaluado, es que el crack era más adictivo. Curiosamente, las cifras indican que el 82% de los convictos por crack son negros y el 9% son blancos.
Los mismos argumentos que se utilizaron en México (reducción del crimen) y en Portugal (reducción del consumo) para despenalizar la dosis mínima, están siendo utilizados con éxito en Colombia para prohibirla. Vamos bien, porque lo que no funciona en otros países, sí funciona en Colombia.
Ahora falta que nos copiemos de las leyes discriminatorias que no funcionan en EE.UU. La oportunidad perfecta llegará si se hace ley el proyecto aprobado en la Comisión Primera. Pues como quedó ahora, será en el momento de la reglamentación cuando se establezcan las medidas “pedagógicas, profilácticas y terapéuticas” complementarias a la prohibición de la dosis mínima.
¿Se imaginan? Tratamientos obligatorios porque está comprobado que los adictos se curan mejor obligados. Gordas internadas, porque la marihuana da celulitis. Restricción de la información, porque la curiosidad mató al gato.