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Carta blanca a la propaganda negra

23 de enero de 2012 - 06:00 p. m.

Por estos días la sentencia de la Corte Suprema de Estados Unidos, que cambió la forma de hacer política en el país, está cumpliendo dos años. Sus efectos apenas se están estrenando, pero ya se prevé que darán para una lucha política sin guantes como nunca antes se había visto.

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Citizens United vs. Federal Elections Commission (grábense ese nombre), fue aprobada por una estrecha mayoría de un voto en el 2010, en una de las decisiones más polémicas y trascendentales de los últimos tiempos. La Corte Suprema le quitó al gobierno la autoridad para limitar la publicidad política financiada por corporaciones y sindicatos durante épocas de campaña. El argumento principal de la estrecha mayoría fue que limitar la participación directa de empresas en el debate electoral coartaba su libertad de expresión.

En la práctica, Citizens United permitirá que una empresa, digamos Exxon, compre e inunde la TV un día antes de las elecciones presidenciales para atacar a un candidato, digamos Obama, porque no está de acuerdo con su política, digamos, de prohibir nuevos pozos petroleros en las costas de EEUU.

Exxon solo tendrá que crear un grupo de acción política (“super PACs”, los llaman), ponerle un nombre cualquiera, (algo del estilo “Ganando nuestro futuro”, como se llama el de Mitt Romney), hacer una transferencia de dinero que no debe ser declarada, y producir un comercial atacando a Obama por lo que se le antoje: es un musulmán, quiere importar el socialismo, o incluso, qué ironía, porque apoya la apertura de pozos petroleros en el mar.

Hasta ahora los primeros efectos de Citizens United se están viendo en las primarias republicanas. Aún no se ha materializado el miedo de que las corporaciones inunden la política con dinero. En cambio, los dólares han llegado de contribuyentes individuales, que se vuelan los topes impuestos a las campañas, donando a los Super PACs que apoyan extraoficialmente a cada candidato.

Esta nueva dinámica en la manera en que se financia la política está alterando también las estrategias de las campañas. Lo único que antes detenía la publicidad negra de las campañas era que el candidato que lanzaba las puyas terminaba también él cubierto de una percepción negativa. Pero ahora, los candidatos dejan el trabajo sucio a sus Super PACs, y gastan su dinero en prometer un mundo rosa, mientras sus grupos, supuestamente separados, enfilan ataques inmisericordes contra la personalidad y el pasado de sus contrincantes.

Dejo a los estadounidenses discutir sobre el bien o mal que hará Citizens United a su democracia. Pero como espectador externo, uno no puede sino frotarse las manos frente a lo que se viene en las elecciones del 2012. Serán un merecido cambio de la pacata política colombiana, donde gradúan de villano al que se atreva a señalar que a un candidato le tiembla la mano o a otro se le dobla la muñeca. A quién engañamos: Abrirle la puerta a la propaganda negativa es la mejor forma de aceptar que la democracia siempre es una elección entre el candidato con menos guardados.

danielpachecosaenz@gmail.com
 

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