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Contra los abstencionistas

26 de mayo de 2014 - 09:33 p. m.

“No hubo que hacer mucha fuerza”, le dijo a El Tiempo Leonardo González, el líder de la protesta de abstencionistas en el corregimiento de Barú, en Bolívar. Fácil, chévere, cogiéndola suave, así protestar es rico.

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Los habitantes de Taganga, Magdalena, también tuvieron la brillante idea de no votar porque no hay agua en el pueblo. “Taganga sin agua no vota”, decía el cartel en manos de una señora parada al lado de las urnas en ese corregimiento del municipio de Santa Marta que tuvo una abstención del 87,5%. Votaron 336 personas de un potencial de 2.689, y los que lo hicieron eran samarios que tenían la cédula inscrita en este puerto de pescadores, según el mismo reporte de prensa.

Si Colombia está jodida, si todo va mal, como piensa la mayoría de la gente, no es por los políticos, no es por los corruptos, es por la desidia de los ciudadanos que permiten por abstención que gobiernen los que los gobiernan.

Y bueno, si no les importa, si en medio de la basura, el caos y el subdesarrollo viven felices, están en su derecho de quedarse en casa. El voto no es obligatorio, pero ahórrenos las quejas.

Sin embargo, es un insulto a los que sí fuimos a votar que en Taganga y en Barú vengan estos activistas de la no-actividad a pedir rescate por su tarjetón. ¿A mí entonces qué me van a dar? ¿Qué hay para los millones de bobos que regalamos nuestro voto a cambio de nada?

Esta mentalidad de la mano estirada, de todo me lo deben, suele ser tachada con buenas razones como una falla misma del Estado, que ha sido incapaz de llevar la educación y los servicios básicos para desarrollar los niveles mínimos de ciudadanía. Algunos incluso aplaudirían las protestas abstencionistas, argumentando con algo de condescendencia, que al menos se organizaron para algo, así fuera para no hacer nada.

Aunque no hacer nada tiene sus riesgos. Nadie hizo nada, por ejemplo, para evitar que 33 personas se quemaran en un bus en Fundación, Magdalena. No hizo nada el secretario de Tránsito, tampoco los policías frente a quienes hizo varios recorridos el bus antes del accidente. No hicieron nada los adultos que vieron el bus cargado de gasolina e igual montaron a sus hijos adentro.

Este círculo vicioso de falta de medios básicos aportados por el Estado que engendra falta de ciudadanos, que engendra falta de políticos responsables, que engendra falta de ciudadanos, no parece que se romperá en estas elecciones (más allá de quién gane). Pero lo que sí creo evidente es que no se romperá con la llegada de una nueva clase política, surgida de la generación espontánea del abstencionismo. Hay que salir a votar. El ciclo se tiene que romper con un nuevo pacto ciudadano.

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