DOS COLUMNISTAS DE ESTAS PÁGInas dejan la pluma para aspirar al Congreso. Iván Cepeda y Felipe Zuleta se unieron este domingo al grupo de figuras de opinión y víctimas de la violencia con aspiraciones políticas.
Ni Cepeda ni Zuleta son conocidos por ahorrar adjetivos para señalar problemas en la política colombiana. Qué bueno entonces que tampoco ahorren esfuerzos para tratar de mostrar que el problema no es la política, sino algunos de los políticos que la ejercen.
Después del fútbol hablar mal de los políticos es el deporte nacional. Y el fracaso de la Selección Colombia ha sido muy positivo para el lanzamiento de oprobios a los candidatos presidenciales, los golpes bajos a los congresistas y los dardos contra los alcaldes. Como deporte el del verbo envenenado se practica casi que sólo por placer. Sus resultados, además de levantar el ánimo y enaltecer la moral a costa de los políticos, suele ser la conclusión resignada de que “la política es una m…”.
Como conclusión puede ser bastante acertada, pero ayuda poco para descubrir las causas de que sea así. ¿La política es en sí una actividad para personajes engañosos que buscan sólo su beneficio personal? ¿Es imposible ser un político sin renunciar a todos los principios? ¿Es inútil la política como un sistema para lograr cambios en la sociedad?
Entiendo las aspiraciones de Cepeda y Zuleta como una afirmación de que el problema con la política no es el sistema en sí, sino los políticos que lo administran. Más aún, es una decisión que implica la posibilidad real de lograr reemplazar a los políticos colombianos que son los que hacen mal la política.
El ser figuras externas a las camarillas electoreras tradicionales no es garantía de que alguien no vaya a replicar los vicios de la política que tanto pican la lengua. Ni Cepeda ni Zuleta son extraños al establecimiento, más allá de ser críticos acérrimos de este gobierno. Pero ambos dejan las orillas de la opinión y del activismo para buscar votos.
Pata 1: El demonio está en los detalles. Por eso estaremos pendientes de cómo avanza la reglamentación de la reforma constitucional que prohibió la dosis personal. Por ahora el parte es de tranquilidad para efectos prácticos: a nadie se lo pueden llevar a la cárcel por portar su dosis personal.
Se perdió una batalla. Pero el optimismo por vivir en un país donde podamos decidir libremente, sin hacerle daño a nadie, y no ser “prohibidos” sigue en pie.
Pata 2: Esta semana me cancelaron el grupo de Facebook que invitaba a mi propio asesinato, creado para provocar debate sobre el caso de Nicolás Castro. Está bien: eso es lo que debería pasar con grupos ofensivos en internet, así para las más de mil personas que se unieron fuera un buen chiste. Restricciones sobre la libertad de expresión en internet que van más allá de quitar el contenido me parecen exageradas. Y las impuestas a Castro además tienen apellido; el del presidente y sus hijos.