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Diatriba contra los economistas

08 de agosto de 2011 - 06:00 p. m.

Una de las cosas encantadoras de la política es que la opinión de todo el mundo importa. Eso se desprende de la base fundamental de nuestro imperfecto sistema: una opinión, un voto.

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El contraste con la economía no puede ser más grande, a pesar de las similitudes de fondo que tiene con la política. Aunque ambas tratan de lo público y son objeto de debate, la opinión en economía está reservada para unos pocos.

De economía sólo pueden hablar los expertos porque, para empezar, el lenguaje que utilizan está lleno de términos técnicos que toma años aprenderse y otros más saber usar.

Pero franqueada esa barrera, queda todavía la dificultad de concebir los grados de abstracción tan grandes que se pueden lograr con elementos aparentemente simples. Un ejemplo perfecto de eso es el mercado de la deuda. ¿Cómo diablos se puede comprar la deuda de alguien si no la ha pagado?

Pues se puede. Y cuando se calcula mal si el deudor puede pagar la deuda que uno le compró al acreedor, termina con una deuda que no le van a pagar, es decir, con nada, que trata de vender por algo cuando todo el mundo entra en pánico. Eso es lo más cerca que he llegado a entender la crisis de 2008.

Pero lo más inquietante de la complejidad económica, que nos lanza a la mayoría de mortales como observadores a un bando, es que ni siquiera entre los expertos hay un acuerdo.

En la crisis reciente en el Congreso de Estados Unidos para elevar el techo de la deuda, el enfrentamiento de fondo era tanto político como económico. Hay dos visiones distintas de qué necesita el país para reactivar su economía, si más gasto o menos gasto, más impuestos o menos impuestos, que nunca pudo ser zanjado por un argumento de autoridad económico. El espectáculo se repite en Europa mientras economías enteras hacen agua.

Y en lo que uno alcanza a leer entre líneas, luego de suscribirse al Economist, al Wall St. Journal y buscar mucho en Wikipedia, le queda la sensación de que lo que se discute tiene consecuencias muy importantes. Tan importantes como las de la política, pero sobre las cuales uno no puede opinar, porque ni entiende bien el detalle como para estar seguro, ni está seguro de que los que conocen el detalle estén seguros. Llegados a este punto, la economía ya hasta le ha quitado lo encantador a la política.

Nada mejor que una elección para recuperar el encanto. Y eso es lo que está pasando en Estados Unidos. Donde, visto desde esta perspectiva, no es tanto culpa de los políticos haber politizado la economía, como le achacan al Tea Party, sino de los economistas el no haber logrado un consenso técnico sólido como para evitar la intromisión de los políticos.

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Como quien dice, político mata economista. Puede que sea disfuncional, pero esa jerarquía me agrada más. Tal vez irá en detrimento del interés más amplio de los países, pero a menudo así funciona mejor la política.

danielpachecosaenz@gmail.com

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