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Ed Snowden

23 de diciembre de 2013 - 06:00 p. m.

La agencia de seguridad nacional aceptó hace poco que nunca sabrá cuánta información sustrajo Edward Snowden.

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Aún es un misterio cómo fue que un analista de mediano rango, de apenas 29 años, logró espiar a los mejores espías del mundo.

Pero Snowden es el personaje del año, no sólo por su astucia. Más allá de la insistencia de algunos fanáticos de la seguridad nacional, el joven de Carolina del Norte, que no terminó el bachillerato ni una carrera universitaria, ha demostrado que actuó por una preocupación genuina de que el gobierno más poderoso del mundo se está extralimitando en su poder de vigilancia. La pregunta sobre si Snowden es un traidor hoy parece existir sobre todo en el Departamento de Justicia de Estados Unidos.

El reciente informe de expertos comisionado por la Casa Blanca luego de las primeras revelaciones de Snowden confirma, con sus 46 recomendaciones, que la Agencia de Seguridad Nacional funciona con un marco legal que permite un nivel desbordado de vigilancia. El panel además derrumba el mito de que está bien ceder un poco de privacidad con tal de prevenir ataques, al afirmar que la recolección de miles de millones de llamadas y mensajes electrónicos por parte de la NSA no ha sido “esencial” para detener atentados.

La medida cautelar de un juez federal, que ordenó detener la vigilancia a las llamadas de dos activistas, por tener fuertes sospechas de que viola la Constitución, muestra que el espionaje estadounidense carece de los contrapesos judiciales necesarios para ser tan legal como ha argumentado el presidente Obama.

De hecho, fueron las revelaciones de Snowden, transmitidas con cuentagotas, con sentido de la oportunidad y cierta mesura por parte de sus periodistas aliados, las que han aportado la transparencia para tener insumos en un debate antes limitado a memorandos clasificados.

Edward Snowden logró además abrirle los ojos al mundo sobre la magnitud de información sin precedentes que la nueva tecnología pone en manos de gobiernos con los medios necesarios. Hoy, bajo la tutela de Obama, parece tal vez alarmista advertir de un uso orwelliano de la información. Sin embargo, y con un claro sentido de lo transitorio de los líderes y la permanencia de las instituciones, advierte sobre un futuro en el que no sea un demócrata con buenas intenciones el que maneja los datos íntimos de líderes y personas comunes y corrientes.

Finalmente, Snowden también lanzó un llamado a despertar entre los grandes medios. Cuando el New York Times le preguntó por qué acudió a periodistas independientes, Glen Greenwald y Laura Poitras, Snowden explicó que se trataba de personas desafiliadas de los intereses económicos y las ataduras políticas.

El que sus revelaciones hoy sean primera página constante en el Times y el Washington Post reivindica al filtrador moderno. Al joven asilado que renunció a una vida en Hawái por un asilo temporal en Rusia, por la convicción de que el público tiene derecho a saber al menos cómo sus gobiernos recolectan los secretos.

 

 

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