Pocos han oído el nombre de Ben Carson.
Definitivamente lo han oído mucho menos que Donald Trump. Pero Carson es el candidato que va de segundo en la carrera por la nominación del Partido Republicano en EE.UU., a tan sólo 12 puntos, según la última encuesta.
Digo tan sólo porque el que va de tercero, Jeb Bush, el candidato del establecimiento que los expertos en Estados Unidos aún piensan será el ganador, marca por estos días con un muy pobre 7% de intención de voto.
Carson, en cambio, se ha ido encaramando en las encuestas, cabalgando como el único negro entre 16 candidatos blancos republicanos. Es un neurocirujano, un hombre piadoso que habla de Dios con emoción. Nunca ha hecho política y, como a Trump, ese aura de extraño a los círculos de poder tradicionales le está ganando el favor de los votantes conservadores.
Ben Carson estuvo este fin de semana en California, un estado que está viviendo una de las peores sequías en décadas. Desde esas tierras resecas, Carson, como se ha hecho habitual entre republicanos, soltó su granito de arena de duda sobre el calentamiento global: “No hay ciencia convincente de que las cosas que están pasando son causadas por el hombre, y no causadas naturalmente. ¡Háganme el favor!”. Su comentario impulsó al gobernador de California a enviarle una carta con una memoria adjunta que contiene el informe del Panel Intergubernamental de la ONU, donde está la ciencia convincente de 800 científicos sobre los efectos del cambio climático.
Aunque hay que decir que Carson fue un poco más delicado en su lenguaje que el Donald, quien antes de lanzarse a la Presidencia, durante el último invierno en Estados Unidos, en un día especialmente frío, tuiteó lo siguiente: “Esta mierda costosa del CALENTAMIENTO GLOBAL tiene que parar. Nuestro planeta se está congelando, temperaturas bajas récord. Los científicos del calentamiento global están varados en el hielo”.
La otra cara de quienes niegan la enorme evidencia científica acerca de los efectos de los gases de invernadero producidos por la actividad humana sobre el clima viene de nuestra izquierda tropical. También en Twitter, donde los arrebatos temporales quedan estampados para la posteridad, Gustavo Petro se dedica con esmero de burgomaestre ausente a buscar desastres naturales por el mundo y atribuirlos al cambio climático. Una inundación en Japón: cambio climático. Una tormenta de arena sobre Oriente Medio: cambio climático. Una inundación en el río Tunjuelito: cambio climático.
Petro, Carson y Trump son fenómenos fugaces comparados a lo que enfrentaremos si el mundo llega al momento de desbalance climático, un incremento de más de dos grados Celsius. Después de eso, dicen los expertos, será imposible detener un incremento aún mayor en la temperatura, así se reduzca dramáticamente la cantidad de gases de efecto invernadero expulsados a la atmósfera. A pesar de que ninguno, ni Trump, ni Carson, ni Petro, llegarán a la Presidencia de ningún país, constantemente producen tormentas públicas más severas que las que realmente tendremos que aguantar si el cambio climático sigue atrapado entre demagogos. Sacarlo de ahí parece, entonces, el primer paso para enfrentar seriamente el gran reto de nuestra generación.