¿Aguantarán las instituciones estadounidenses la embestida populista del presidente Trump? Ahora que viene a Colombia, y que llegará a un país en medio de un debate electoral donde las propuestas de los dos candidatos que lideran las encuestas, Duque y Petro, incluyen sendos rediseños a la institucionalidad actual, vale la pena una mirada a cómo nuestro “mejor aliado” del mundo sortea una presidencia sin precedentes.
Los gringos, periodistas, intelectuales, historiadores, tienen una obsesión saludable con las comparaciones históricas del papel de cada ocupante de sus instituciones predilectas. Y ninguna como la Presidencia. La Casa Blanca es de lejos la jefatura de Estado más dramatizada del mundo en películas y series que han invadido la cultura popular global —House of Cards, Scandal, Designated Survivor, The West Wing, Forrest Gump, The Butler, Fourth of July, solo para nombrar una lista ecléctica para la que ni siquiera tuve que echar mano de Google. En las grandes cadenas estadounidenses, como NBC, hay “historiadores presidenciales” contratados de plata para dar opiniones expertas sobre si esto, o aquello, que hace un presidente tiene precedentes conocidos, y cuáles son.
El de esta cadena, una de las grandes de EE. UU., se llama Michael Beschloss, tiene más de 300.000 seguidores en Twitter y debe estar cansado de la pregunta sobre la imprecedencia de la presidencia Trump. Aquí solo una muestra de titulares de prensa: “La guerra de Trump con el FBI y el Departamento de Justicia no tiene precedentes: Beschloss”, “El lenguaje de Trump en Fire and Fury no tiene precedentes”, “El despido del secretario de gabinete de Trump es raro, pero no sin precedentes”.
Declaro, con algo de culpa y vergüenza, sentir un cierto placer con la erosión de la credibilidad, y a veces parece que la cordura, que ha traído a EE. UU. la comedia trágica que es la presidencia Trump. Este placer tiene su origen, tal vez, en que por momentos puede engañarse uno, y pensar que está asistiendo a una comedia típica de república bananera, desde un país que parece, solo por contraste, por momentos más cuerdo y sensato. Eso es decir mucho. Pero es, al final, un engaño.
Como muestra una investigación que publico hoy en este diario, en el seno de la JEP, una institución que está apenas en formación, hay indicaciones de que lo nuevo tiene algunos de los defectos de lo viejo. La manera casual en la que la presidenta de la JEP, Patricia Linares, y el magistrado del Tribunal de Paz Alejandro Ramelli entienden con laxitud los procedimientos de reserva judicial es sorprendente.
Me recuerda la carrera de los practicantes, ese raro ritual de la Corte Suprema de Justicia de EE. UU. En pleno siglo XXI, la única alta corte estadounidense publica sus decisiones solo en papel impreso. Cuando estas son importantes, como el matrimonio gay, o la ley de salud, los medios envían a sus practicantes al despacho para recibir las sentencias impresas, y corren, en un espectáculo publicitado y aplaudido por multitudes afuera de los escalones de la Corte. Y corren porque no hay filtraciones, no hay violaciones a la reserva, e incluso algunos de los mejores periodistas del mundo no han podido averiguar su contenido.
Por eso, al final creo que Trump será como máximo un espectáculo de cuatro años. En Colombia, en cambio, podemos tener una sola corte como en EE. UU., o una reforma constitucional que rediseñe las instituciones, pero apuesto con pesar que seguiremos teniendo filtraciones
judiciales.
@danielpacheco