LA IDEA DE QUE LA VERDAD ES LA ÚNIca arma de oposición de la izquierda está arraigada en algunos sectores del Polo. Creo que esta visión ilustrada es uno de los anacronismos que la izquierda debe superar, si es que aspira a convertirse en opción de poder.
Esta forma de pensar tiene su asiento en la tesis de que somos sujetos racionales, que actuamos buscando nuestro beneficio personal. Por lo tanto, decir la verdad de forma desgarrada (repetir hasta el cansancio que el Gobierno es corrupto y clientelista, que está cambiando el Estado social de derecho por una tiranía presidencial, etc.) hará que la gente entienda que hay que cambiar a los dueños del poder porque los actuales no nos benefician. Es decir, “la verdad, que nosotros poseemos, nos liberará”.
De acá que algunos sectores de la izquierda juzgan que el apoyo mayoritario al Gobierno se debe a la irracionalidad de millones de colombianos manipulados. También ayuda a entender porqué estos mismos sectores ven con desconfianza cualquier concesión en torno al lenguaje, como una falta a los principios y a “llamar las cosas por su nombre”.
Ante este panorama, es ilustradora la reacción de los demócratas en E.U. luego de la reelección de Bush en el 2004. ¿Cómo explicar racionalmente este suceso después de estar más que comprobado que Bush es un líder poco inteligente (“Más y más de nuestras importaciones están viniendo del extranjero”, 25/9/2000)? Pasado el estupor, un grupo de estos progresistas revaluó la idea de que los individuos votan racionalmente.
Este es el caso de George Lakoff, un lingüista cognitivo, quien venía desarrollando la tesis de que todos los hechos que ingresan a la mente humana son evaluados por un “inconsciente cognitivo”. Es decir que en vez de una razón pura y consciente que determina lo que es verdadero, en nuestro cerebro hay una estructura silenciosa de relaciones y metáforas que hacen que nos identifiquemos o rechacemos los hechos que se nos presentan. Por ejemplo, cuando nos hablan de Seguridad Democrática se nos viene a la mente la idea de un viento tibio golpeando nuestra cara mientras viajamos por las carreteras soleadas de Colombia, y no los 113.000 desplazados del primer trimestre de 2008.
Según Lakoff, el lenguaje es crucial en la construcción de esta estructura inconsciente, pues activa las relaciones entre los conceptos (“Seguridad Democrática”: “Vive Colombia, viaja por ella”). Por eso tiene la convicción de que para lograr el cambio social hay que lograr cambiar la manera de hablar. Se trata de formar nuevas narrativas e inventar nuevas metáforas. A juzgar por la campaña de Barak Obama, ideas como ésta no cayeron en oídos sordos.
La relevancia del lenguaje, y las estructuras inconscientes construidas alrededor de la izquierda colombiana, deberían impulsarnos a tomar acciones prontas. No hay nada más aburrido y espantador que un mamerto, estructura en la cual somos catalogados con rapidez quienes apoyamos a la izquierda. Reestructurar este inconsciente es una labor titánica, en un país con una historia de lucha guerrillera tan extensa como la nuestra. Sin embargo, propongo empezar por eliminar las siguientes palabras del vocabulario del Polo: lucha, imperios, narcoparamilitarismo, tiranía, resistencia, oligarquía, lacayo, fascista, masas, doctrina, camarada y mesías.
Para ilustrar mi caso imaginen la siguiente frase, y los efectos que causaría en un votante cualquiera. “Camaradas, el Polo los invita a unirse a nuestra lucha contra la tiranía narcoparamilitar, servidora lacaya del imperio y de los intereses de la oligarquía. Estamos seguros de que sólo nuestra doctrina de resistencia a este flagelo liberará a las masas del yugo fascista del Mesías. ¡Voten Polo!”.
Se dice con razón que los mamertos maman, y lo hacen en dos sentido. Primero, porque aburren. Segundo, porque mamamos en el 2002, en el 2006, y si seguimos igual, mamaremos en las elecciones del 2010.