Debajo de la nata más sabrosa de infidelidades y manos largas de Herman Cain, o el espectáculo de ver a las dos neuronas de Rick Perry en vivo por televisión, las primarias del Partido Republicano tienen una pequeña figura, de voz aguda y suave, que personifica una sustancia enigmática de la política estadounidense. Sobre todo para los latinoamericanos.
Es el senador Ron Paul, un ginecólogo de 76 años que recibió a cerca de cuatro mil bebés antes de dedicarse a la política. Está a favor de legalizar la marihuana, la prostitución y las apuestas. Apoya las uniones del mismo sexo y dice que se debe respetar el derecho de cada Estado a hacer leyes permitiendo o prohibiendo el aborto. Propone retirar las tropas estadounidenses de todos los puestos en el exterior y limitar el gasto en defensa. Por el momento, Ron Paul está de tercero en las encuestas, pero no tiene ni la más mínima posibilidad de ganar.
Pero Paul también es un ferviente promotor del derecho a portar y comprar armas, de la reducción del gasto público y de los subsidios a pobres y ancianos. Quiere bajarles los impuestos a los ricos y limitar las reglas ambientales para las empresas privadas. Durante el huracán Irene, cuando incluso los más conservadores rescataban algo bueno de la intervención del estado, Paul abogó por el desmantelamiento de las agencias federales para las víctimas de desastres naturales.
Ron Paul encarna un dimensión de la política que no existe en Colombia. Para nosotros es como un Frankenstein ideológico. Una colcha de las reivindicaciones a los derechos individuales que han asumido el Polo y algunos sectores del Partido Liberal, con retazos de la agenda privatizadora de la U y de la otra parte del Partido Liberal, cocida con la defensa a ultranza a la propiedad privada de los conservadores.
El principio que guía lo que desde el sur se ve como mazacote es sencillo: máxima libertad, mínimo gobierno. Y aunque dentro de los libertarios estadounidenses hay una gama diversa de variaciones —desde los fundamentalistas religiosos hasta los ateos anarquistas—, la idea de que ponerle límites a la autoridad es el propósito esencial de la política, los mantiene unidos como una de las fuerzas más coherentes del Partido Republicano en los últimos tiempos.
Si Ron Paul mirara más hacia el sur del continente, en cambio, no encontraría nada que no haya visto en Estados Unidos. En su país también hay izquierdistas que quieren intervención en los derechos colectivos pero protección de los individuales; y conservadores que apoyan el capitalismo financiero pero buscan mantener el feudalismo agrícola. En términos ideológicos, nuestro mazacotes ideológicos parecen ser más bien comunes y corrientes.
Pata: Paz en la tumba del profesor Álvaro Camacho Guizado, una de las voces más originales y persistentes en señalar que son las políticas de drogas las que crean el narcotráfico. Nos deja sus ideas, hoy más vivas que nunca.