NO TODOS LOS DÍAS ES UNO ACUsado de homicida en una columna de opinión:
“Supongo que este país es consciente de que cada vez que alguien —casi siempre de estrato alto— mete (sic) una raya de coca, está disparando una bala”.
Salud Hernández vuelve así sobre el debate de la responsabilidad de los consumidores de drogas, y de cocaína en especial, en la violencia que causa el narcotráfico en Colombia. Según su argumento, “los únicos que azuzan los carteles narcotraficantes son los consumidores”, por lo tanto al Estado le saldría “más barato” tomar “conciencia” de este hecho, que estar destinando recursos para atrapar a los traficantes.
No es claro qué significa “tomar conciencia”, ni cómo va a salir “más barato”, pero todo el asunto hiede, como me lo hizo notar una profesora de derecho de los Andes, a limpieza social. ¡Acabemos con los drogos para acabar con las drogas!, sugiere Hernández.
Pero caricaturas aparte, creo que sí hay grandes problemas morales al meterse (la coca no se mete sola, Salud) una línea en Colombia. ¿Tienen los consumidores responsabilidad en la violencia que causa el narcotráfico? Por supuesto. ¿Son los “únicos”?, por supuesto que no. ¿Hay alguna forma de asumir la responsabilidad sin renunciar al placer de un pase? Creo que sí.
Aunque el hecho mismo de usar drogas sea privado y en principio no afecte a nadie más, al comprarlas uno sí está contribuyendo a las finanzas de los narcos. Nada que hacer. En este sentido, los consumidores son egoístas, hay que decirlo, y ponen por encima su derecho a la autonomía personal que su deber de no contribuir con empresas criminales (mea culpa).
Pero decir que son los únicos responsables es falso. Borra de tajo toda la evidencia que sostiene que la violencia del narcotráfico surge principalmente por las leyes que prohíben las drogas. Y esas leyes, vale la pena recordarlo, fueron escritas y son aplicadas por personas, nuestros líderes, a quienes cae otra parte de la responsabilidad.
Una salida de corte salomónico sería pedirles a los consumidores que dejen las drogas hasta que éstas sean legales. Las delicias de la incontinencia tienen que ser aquí fuente para un baño de realidad. Por más culpas que se imputen, merecidas e inmerecidas, es más probable que legalicen la cocaína antes de que las gente deje de usar drogas.
Y ahí debe estar la responsabilidad de los consumidores. Promover que las drogas que consumen sean legales y que se puedan comprar en un mercado regulado. Yo sería el más feliz si pudiera comprarme un pase respetuoso de la ley.
Entiendo que se acuse a esta opción de ser moralmente imperfecta. Creo que es el precio de asumir este debate sin tanta hipocresía. Tal vez frente a la opción que nos pinta Hernández parezca que falta altura moral. Pero si mañana hay una limpieza social contra cocainómanos, yo no la acusaría de haber comprado con sus palabras las balas. La culpa y la responsabilidad son más complejas que los efectos causales.