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Salvarnos del medio ambiente

29 de noviembre de 2010 - 09:56 p. m.

“ÉSTA ES UNA DE LAS OLEADAS INVERnales más duras y desastrosas en la historia de Colombia”, dijo exactamente hace dos años un sobrecogido ministro colombiano.

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Hoy de nuevo los políticos acuden al mismo excepcionalismo, y esta vez es el propio Presidente quien ha declarado el invierno actual como el nuevo “peor de la historia”.

Y tienen razón. Los inviernos en Colombia son cada vez peores. En Pakistán, también. Y en Rusia y EE.UU. los veranos son cada vez más sofocantes. A pesar de ser un tema todavía envuelto en algunas controversias científicas, el consenso es que la Tierra se está calentando por la acumulación de gases invernadero que nosotros expulsamos a la atmósfera, y que eso está causando cambios climáticos excepcionales en todo el mundo.

Se calcula que antes de la revolución industrial, el nivel de dióxido de carbono era de 280 partes por millón (ppm). Durante los 800 mil años anteriores los niveles de CO2 habían fluctuado entre 180 ppm y 280 ppm. Pero al comenzar el siglo XX, con Europa y EE.UU. en un proceso acelerado de industrialización, había ya 300 ppm de CO2 en la atmósfera. Hoy su nivel se calcula en 390 ppm, el más alto en millones de años. “Sabemos que la última vez que se sostuvieron niveles de CO2 como estos, la mayoría de la capa de hielo de Groenlandia no estaba ahí”, dice Michael Mann, un científico climático de la Universidad de Penn State.

De la situación actual está surgiendo un nuevo consenso mundial, que probablemente veremos ratificado en la Cumbre de Cambio Climático de la ONU en Cancún de esta semana. La primera parte de este consenso es que no hay un consenso para frenar los niveles de CO2. Ni China, ni EE.UU., los dos países que producen más de la mitad de las emisiones, firmarán acuerdos para limitarlas, principalmente porque producen la mayoría de su energía con carbón. La segunda parte de ese consenso, ante el fracaso de un freno a las emisiones, es que la conversación mundial se concentrará en cómo adaptarse al cambio climático, tomado ya como una realidad inmodificable.

El cambio es significativo. “Hablar de adaptación fue por muchos años como tirarse un pedo en la mesa”, dice un académico anónimo que ha trabajado en cambio climático. Ya no. Ahora pasamos de cuidar el medio ambiente, a cuidarnos del medio ambiente.

Este invierno, el próximo verano, y los inviernos y veranos que están por venir en las próximas décadas, constituyen el experimento más arriesgado al cual ha sido sometido la humanidad. Y afrontarlo con menos nostalgia por el statu quo climático lo hace más emocionante. “Ya que no pudimos dejar de afectar el ambiente, enfrentemos sus cambios”, parece decir el nuevo liberalismo climático.

Pero lo que se viene no llegará exento de sufrimiento, daño material y muerte. Habrá escasez de alimentos y migraciones masivas. Y como sabemos esto de antemano, los políticos tendrán que buscar una excusa distinta al excepcionalismo para justificar su lentitud habitual para enfrentar los cambios, incluso si son climáticos.

danielpachecosaenz@gmail.com

 

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