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El molesto Nelson Castro

06 de febrero de 2009 - 09:14 p. m.

Nelson Castro es argentino. Es médico neurólogo, muy considerado como tal aunque  ya casi prácticamente no ejerce. Es un excelente pianista, pero  solo toca para amigos, entre casa, para salirse un poco del estrés, del que nadie está libre, y “para calmar los enojos“. Se supone que en estos días ha tecleado bastante.

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Pero Nelson Castro, por sobre todas las cosas, es un brillante periodista, creíble, reconocido  y respetado por los argentinos en general y por sus colegas en particular. Hay, incluso, varios muestreos que lo confirman así. No es del tipo de periodista militante, del periodista comprometido políticamente y que tarde o temprano “acompaña“. Es simplemente un periodista que ejerce correctamente su profesión, por la que sí milita y con la cual sí está comprometida. Esto es,  es independiente, informa sobre todo,- incluso sobre los negocios y las vinculaciones con el poder de los flamantes dueños de la radio en que trabajaba- da espacio a todas las voces y entrevista a todos quienes haya que entrevistar sin ningún tipo de preferencias; opina con independencia como periodista y solo en función de tal, no calla, no cede, no se deja persuadir y cuando habla o escribe no lo hace atento ni condicionado por  los malhumores y el ánimo del mandamás de turno.

Así es muy sencillo ser creíble y respetado. Lo que no puede pretender es que el gobierno de los Kirchner lo quiera. No está en la naturaleza del matrimonio gobernante de la Argentina. Estos no soportan la libertad de expresión y menos a periodistas independientes a los que no pueden “encasillar“dentro de la política maniqueísta que utilizan desde el poder y, además, Castro no se amilana.

Los nuevos dueños de Radio Del Plata, la empresa Electro ingeniería, – los de los negocios-, a partir de febrero lo han quitado del aire y faltando nueve meses han cancelado el contrato del programa matinal “Punto de Vista“que conducía Castro. “Castro molesta al gobierno“, y esa es la única razón de su salida de la radio.

Un hecho muy grave: el reconocido columnista de La Nación, Joaquín Morales Sola, lo definió con pocas palabras: “ Mañana, una porción importante de argentinos despertará, por primera vez en muchos años, sin la voz radial de Nelson Castro, expulsado de la radio por empresarios que crecieron exponencialmente bajo la sombra del kirchnerismo y que son, con razón, fanáticos kirchneristas. Nelson Castro es uno de los periodistas más serios y creíbles del país. Una voz periodística que se apaga por decisión de un poder autoritario es siempre una derrota de la libertad.

“Esto va más allá de mi“ha dicho Castro para apuntar certeramente que “tiene que ver con las acechanzas que la libertad de expresión tiene hoy en la Argentina". Quién puede dudar de que sea así. Pero, sin embargo, es peor. Se trata de las utilizaciones de nuevos instrumentos para acabar con el derecho a la información de los ciudadanos. A  caballo de una rampante corrupción se compran medios, se ponen testaferros, se discrimina con la publicidad oficial.

Se sugiere cambios de programación y el despido o cancelación de contratos a periodistas independientes y si es preciso se recurre a las oficinas  fiscales y sus perros inspectores y hasta llegados el caso, cuando el mercado judicial es afín, se da pase a jueces alineados.

Y esto pasa no solo en Argentina, sino que  es lo que  rige en varios países del continente. Una especie de operación Cóndor, de otro tipo. Antes se clausuraban medios y se metía preso a los periodistas. Ahora  se utiliza este otro tipo de instrumentos, en apariencia menos groseros. Los resultados son los mismo o mejores que antaño, y además, hasta se pueden proclamar progresistas.

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