Perú y Chile pueden señalarse como ejemplos positivos a nivel continental.
Pero no especialmente por su crecimiento económico, que ha sido sostenido en ambos a lo largo de los últimos años, sino porque se puede afirmar que en ellos funcionan efectivamente gobiernos democrático-republicanos. Y no se trata de que se celebran elecciones periódicamente, sino de que en uno y otro los poderes del Estado ejercen sus funciones de manera autónoma, hay partidos de oposición que se hacen respetar, hay libertad de prensa y los ciudadanos chilenos y peruanos reciben una amplia información, lo que en definitiva es la garantía de todas las calidades reseñadas.
Ubicados en América del Sur, ni a Chile ni a Perú se les puede encasillar junto a los bolivarianos, Venezuela, Bolivia y Ecuador, en donde el poder judicial ha perdido independencia está sometido al Ejecutivo, y la falta de libertad de prensa y la persecución a los periodistas es característica. Más o menos lo mismo que pasa en la Argentina de Cristina Kirchner, donde la presión contra la prensa y los jueces independientes es tarea prioritaria de la Casa Rosada.
Parecería que todo une a chilenos y peruanos. Sin embargo, una cuestión de límites, sobre la que se espera un dictamen de la Corte de La Haya para fines de este año, pone disonancias en sus relaciones y es motivo de roces, que afectan la unidad. Unidad que resulta necesaria, porque ellos están en el frente que defiende la democracia.
Así lo han entendido una treintena de periodistas del más alto nivel de medios de prensa de Chile y Perú, que hace unos días se reunieron en Lima. Su primer propósito es informar lo más imparcial y ampliamente posible a sus lectores y no alentar ningún tipo de demagogia ni sentimientos o emociones extremas. Qué bueno… En este caso sí los mensajeros son responsables del contenido del mensaje.
*Periodista uruguayo, expresidente de la Sociedad Interamericana de Prensa.