Narciso se enamoró de su propia imagen reflejada en las aguas. Tan enamorado estaba que se terminó tirando y murió. En el lugar nació una hermosa flor, que hace honor a su nombre y memoria.
Algo parecido puede estar pasando con los empresarios. En un estudio publicado en 2017* William Maloney, economista del Banco Mundial, compara lo que los empresarios de varios países piensan de sus habilidades gerenciales con las mismas habilidades objetivamente medidas según el World Management Survey (WMS), utilizando una escala de calificación de 1 a 5.
Aparentemente, empresarios de todos los países están ensimismados con su reflejo y piensan que sus habilidades están muy por encima de aquellas medidas de manera objetiva (Ver gráfica, página 5). En todos los países se califican subjetivamente superiores a la medición objetiva. Los que más se acercan en las dos calificaciones son los empresarios japoneses, franceses y suecos. Los empresarios latinoamericanos, por su parte, son los que presentan mayor desviación entre la subjetividad y la objetividad.
Colombia no es la excepción. La calificación objetiva se sitúa en alrededor de 2,5 —que es la más baja de los países analizados, junto con India—, pero la subjetiva se sitúa en casi 4, la segunda más alta después de México. Les siguen Brasil, Chile y Argentina, y después vienen algunos países europeos y asiáticos.
Las consecuencias de esta desviación ayudan a explicar, según el estudio de Maloney, una de las debilidades en países en desarrollo en materia de innovación, que es el rol de las empresas en ese ecosistema. Este menguado rol obedece a que no se puede actuar sobre lo que no se sabe que no se sabe: es altamente probable que los empresarios encuestados en el estudio no tengan ni idea de qué tan desviadas están sus habilidades con respecto a la medición objetiva, aquella que se necesita para implementar temas de innovación.
En Colombia las causas de esta falta de conciencia sobre las habilidades propias pueden ser, entre otras: la concentración accionaria de las empresas en muy pocos y similares accionistas, la falta de apertura de capital de las empresas y la falta de mayor exposición de los empresarios a críticas y nuevas maneras de hacer las cosas. Por supuesto que hay empresarios y empresas que tienen un ADN muy innovador, pero estas son las excepciones a la regla.
Ahogarse contemplando la imagen propia es fácil, y en Colombia hay bastantes tocayos de Narciso. Es importante tener humildad y reconocimiento de no sabérselas todas. La pluralidad de accionistas, la apertura del capital, la exposición a corrientes de pensamiento distintas y la apertura a la crítica ayudan enormemente a agilizar y dinamizar los procesos empresariales, los cuales son centrales para la innovación y el crecimiento.
* Revisiting the National Innovation System in Developing Countries, octubre 2017.