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Falsos profetas

04 de diciembre de 2018 - 12:00 a. m.

En el afán por reponer una reforma tributaria juiciosa pero no popular se está llegando a una perjudicial y esquizofrénica. Se alcanzaron a proponer elementos tan distorsionantes como una sobretasa al impuesto de renta solamente para el sector financiero, lo cual afortunadamente no prosperó.

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Cada vez más, con contadas excepciones, se ve a algunos legisladores de Colombia, con bastante ascendencia en el Congreso, atrapados por la inmediatez prevaleciente en lo que reclama “el pueblo”, merced de unas redes sociales agresivas, fragmentadas y polarizadas.

En lugar de explicar, se han dedicado al populismo, sin importar las consecuencias. En lugar de pensar en lo que se debe hacer para que esta sea una sociedad próspera, progresista, basada en principios de economía liberal y de mercado, se han dedicado a alimentar las barras bravas. Y el país a la deriva, sin que se sepa qué se les ocurrirá mañana.

El más reciente ejemplo es la ley de financiamiento. De un proyecto que en su mayoría era conceptualmente sólido, por supuesto con posibilidades de mejorar, se ha llegado a una colcha de retazos compuesta por las más diversas iniciativas que se le van ocurriendo a cada quien que la lee. El Gobierno perdió el control de la discusión y el debate, y ahora son algunos parlamentarios los que le cuelgan y descuelgan lo que se les ocurra. Qué peligro.

Y no confundamos lo que sucede con la natural discusión democrática de una ley. Esto se volvió fue una lucha por ver quién es el que más alto grita en la supuesta “defensa de la clase media”. Cuando en realidad lo que están haciendo es fragmentando un país cada vez más fragmentado, atacando sectores de la población por “ser ricos”, atacando al empresariado y a las empresas, en lo que parece cada vez más una rapiña de los recursos que se generan lícitamente en este país. Y generando unos boquetes que van a afectar sobre todo a quienes supuestamente están defendiendo, y que se van a volver imposibles de llenar.

Para dejarlo bien claro: la única forma de financiar los cada vez más amplios y extensos programas sociales y de inversión que se reclaman con el Presupuesto General de la Nación es ampliando la base tributaria, como bien trató de hacer el ministro Carrasquilla con el proyecto inicial. No disparándoles a los mismos, a “los ricos”, a las empresas, en cada reforma tributaria, o ley de financiamiento, o como lo quieran llamar, con mayores y más altos impuestos.

Para lograr un esquema de financiamiento del presupuesto realmente solidario, todos tenemos que poner. Bien sea vía mayores ingresos o, si así no lo quieren, vía menores gastos y menor inversión. Lo que existe hoy simplemente no es sostenible en el tiempo. Si seguimos por este camino incierto, lleno de falsos profetas y falsas promesas, va a llegar un momento, más temprano que tarde, en que la pita se rompa.

En ese entonces veremos a algunos padres de la patria de hoy corriendo a decir que eso no es con ellos. Que es culpa de “los ricos” y de las empresas, por haberse llevado el capital a mejores y mas prósperos pastizales. Pero ya será muy tarde, porque de tanto haberles disparado a los mismos, los habrán liquidado. Se habrán agotado las fuentes de riqueza de un país que lucha todos los días por generar más prosperidad y bienestar a una sociedad cada vez más acomodada y demandante.

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