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Acciones

26 de febrero de 2016 - 11:44 p. m.

La acción es lo que conecta el espíritu con la materia.

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Es la corriente fluida de la vida. O debería serlo para honrarla. Toda acción moldea el camino, hace el destino complejo o fácil, débil o fuerte, próspero o tacaño. Cada acción nos va definiendo como si fuera el traje hecho a la medida para habitar la vida. No hay escape: la acción es lo que somos.

Y todos los días suelen ser vividos con la mezcla infame de acciones torpes y tontas o inútiles y estúpidas. Con la infinitud de esas acciones que se van haciendo solas, en automático, con ese porque sí que propicia el terror. Hay otras que surgen desde la rabia, la venganza o la huida y las que obligan a las prisiones, desatan los escándalos y develan cada secreto. Están también esas acciones que son pus y el dolor, o que arrugan los recuerdos y se regodean en caminar con la tristeza y el suicidio. Hay acciones que barren con la memoria, dejan atrás los recuerdos, se olvidan de todo pasado y acogen los besos nuevos y los encuentros inesperados. Actuamos, casi siempre, bajo el nefasto efecto del egoísmo, ese que nunca piensa en consecuencias. Toda acción devela y nos evidencia. Habla de nosotros. Nos relata. Las acciones hablan de todos, pero son las nuestras las que nos construyen o nos destruyen.

Vivir es estar inmerso en el movimiento continuo. Es darles curso a las ambiciones, a las pugnas, a los deseos. Vivir requiere de estímulos que organicen las emociones y los pensamientos. Cada día puede ser la rutina, el hábito, la repetición y la prisión. Pero cuando llega la tregua entre una acción y otra, es la conciencia la que nace, una acción consciente que abre una puerta y otra más allá. Es el nacimiento de la acción libre y creativa. Una acción de poder, que como oportunidad detonan las certezas, las pasiones y cada amor profundo. Es sólo cuando paramos, frenamos, esperamos, escuchamos y observamos que pueden surgir los instantes y los atisbos para ver la otra realidad de lo que somos. Ser y hacer van juntos, pero sin los intervalos en la acción, toda acción pierde sentido. Se pierde el espíritu de la materia. Es el espacio, el intervalo, entre dos ideas, entre dos encuentros, entre dos puntos, lo que convierte la acción en sagrada y la vida en belleza.

otro.itinerario@gmail.com

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