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Antesitos de los deseos

09 de enero de 2009 - 08:55 p. m.

Por ciclos y más en unas épocas que en otras, se revisan objetivos y se diseñan metas nuevas que, mezcladas con las viejas, se van entretejiendo para hacer de los deseos la realidad. Y, si se observa con detalle, cada ilusión tiene un largo recorrido. Se inhala y desde la carencia o la esperanza, se imagina un futuro con plan y cronograma de trabajo.

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Acciones que, unas detrás de otras, le van dando sentido a cualquier ruta de deseos: cambiamos de país y de oficio, mudamos de pareja, renovamos alcoba, baño y ropero, retomamos estudios y disponemos de los presupuestos familiares para cirugías innecesarias, gastos inoficiosos y más de una pretensión social.

Pero antesitos de los deseos, están las intenciones. Son como un estado de conciencia, una forma de ver y de sentir lo que nos sucede. Permean cuerpo, emociones y pensamientos y, más que eso, son el tinte de metas y objetivos. En el reino de las intenciones, tan personal e infinito como el espacio del corazón, también surgen aquellas cargadas de ambición, de venganza y daño o de sospecha, desconfianza y posesión.

En ése ambivalente e invisible mundo, se sabe que las hay malsanas, ignorantes y perversas, pero aunque ninguna pertenece al reino de la acción, están lejos de ser inocuas: en un segundo, pueden cubrir de sangre y dolor los siglos de todo un pueblo o ser el vehículo de los aromas exóticos y los guiños de brisas y alegrías para un amor de pasión. Como si germinaran, las intenciones duran lo de un suspiro y su efecto de ligereza o contundencia se expande por milenios como las ondas cósmicas. Poco saben de futuros o pronósticos. Más bien, son como globos que se inflan hasta estallar en malvadas espinas o radiantes luces de colores.

Los caminos se abren o se cierran a punta de intenciones y cada acción tiene detrás la suya propia: la intención de progreso cuando nos levantamos a trabajar, la intención de servicio o de bondad con otro los domingos o la intención por un día alegre en el cruce de una calle. Las intenciones pueden ser una decisión ética y es mejor calibrarlas una vez al día para hacernos cargo de ellas. Es el sello personal con el que, segundo a segundo, se construye el destino.

otro.itinerario@gmail.com

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