El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Espejito, espejito

07 de septiembre de 2012 - 04:52 p. m.

Ciertas palabras son el tiquete de entrada a un mundo de fantasía. El abracadabra o cualquier supercalifragilístico invaden la imaginación con lo imposible.

PUBLICIDAD

Pero cuando de verdades se trata, nada más interesante que pararse de frente al espejo e imaginar el trasero. En el mundo del espejito, espejito todo ángulo es parcial, prejuicioso y vanidoso, además de lanzar verdades como puñales. Con todo y su maquillaje, jamás mostrará la totalidad de lo que somos.

Gordos, flacos, rojos, operados, con o sin esperanzas, el espejo devuelve las fluctuaciones de los días a través de sus imágenes. Y por más adictos que seamos al reflejo de nuestra imagen, estamos más fuera del espejo que dentro de él, como unos seres que vamos siendo y viendo sin el verdadero poder de vernos. Somos seres a quienes moldean las fotos, las circunstancias y los otros, además del tiempo. Somos porosos cuando se trata de la furia o la pasión, de la vanidad o la intuición, de la locura o la crueldad. Desde lejos, los otros nos ven y de ellos recibimos esos atisbos de nuestros costados más inaceptables.

Y frente al espejo, mientras delineadores y cremas antiarrugas hacen de las suyas, la otra realidad pregunta a quién queremos parecernos. Opina si queremos ir como vamos o arroja los detalles de las falsedades diarias como migajas para el camino. Pormenores del observador que observa con el único sentido de llamar a juicio lo real y lo ilusorio. Reales somos siempre más allá de las conjeturas y las identidades; reales somos cuando viejos y jóvenes, cuanto estamos cansados y ojerosos o cuando vivimos brillantes y sueltos. Reales somos lejos de las formas y cerca de lo invisible.

También es claro que todo espejo nos dice la verdad más allá de que creamos en nuestra mentira. Así no queramos ver, los otros también son un espejo móvil y franco. Nos dicen lo que nos gusta y lo que no; nos ofrecen ideas sobre lo que aceptamos y lo que no; nos pellizcan, insultan, acogen y aman como variaciones de nosotros mismos en un tiempo casi real. Con la comprensión diáfana de que no somos islas blindadas sino conexiones llenas de los matices, fuerzas, genomas, andamios y microscopios de los otros, vamos creando minuto a minuto la propia idea de lo que somos. Es en el engranaje acompasado con millones de otros cuando podemos ver los prismas que no imaginamos.

Contradictorio, doloroso o lleno de éxtasis, los demás son nuestro norte, hacen parte de nosotros y nos devuelven el reflejo en ese vanidoso espejito, espejito, pero tan cierto y verdadero como la realidad de un cuento de hadas.

 otro.itinerario@gmail.com

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias