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Hombres

13 de marzo de 2015 - 09:00 p. m.

En este mundo de hombres, ser mujer tiene sus ventajas: cambiamos de color de uñas al antojo, podemos gritar de nervios, emoción o rabia, y cuando manejamos nos ceden el paso por ser algo más que brutas. Ventajas que dan los estereotipos y los prejuicios de los últimos cuatro mil años hechos modernidad.

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Siendo mujer, conviene intentar comprender lo particular de nacer hombre en un mundo donde lo obvio es ser patriarca, macho, violento y ganador. Nacer hombre en el mundo de los hombres es sinónimo de sabérselas todas o del yo primero. Nacer hombre en el mundo de hoy es atreverse a matar perros, mujeres o niños, pistoleros de pacotilla que sin argumentos hacen del lejano oeste la más cercana realidad. Hombres nacidos sin cólicos ni celulitis, sin pudores ni vergüenzas. Hombres que encarnan todos los hombres: los astutos, los arrogantes, los autoritarios. Desde ellas, puede ser casi una incógnita eso de vislumbrarlos justamente en el momento en que la identidad y la sexualidad se construyen no sólo en la profundidad genética sino en lo más recóndito de las preferencias culturales, los laboratorios de la estética y las modas andróginas. Ellas se preguntan cómo es eso de nacer hombre hoy cuando no somos más ni lo uno ni lo otro sino los cuerpos que se exploran en un mundo incierto y cambiante o cómo es eso de nacer hombre en un mundo que dinamita actitudes desde la base misma del pene.

Y es que dentro de la diversidad, ellos se piensan cada vez más, se dan sin reservas, se imaginan distintos, se distancian de las guerras o se intuyen en el cosmos. En medio de un ambiente hostil están esos hombres que, siendo todo lo hombres que les pueden sus carnes, están lejos de ser machos cabrones que compran las conciencias o las tetas de turno y están más cerca de ser el corazón que habitan o la percepción femenina porque pueden ser la sutileza en el éxito de una mujer. Están esos hombres que no le tienen miedo a escoger el tomate o el cilantro y, mucho menos, a escuchar, conciliar y ceder. Están esos hombres donde el segundo plano les viene de maravilla para ser sensibles, vulnerables, llorones y tan ciertos de sus sentimientos que no le tienen miedo al miedo.

Ser mujer hoy tiene la belleza de asistir a un cambio mayor en tiempos en que el arcaísmo patriarcal se retuerce por moribundo. Y aún con los indicadores en contra, es la oportunidad sublime de caminar con unos nuevos hombres que están más lejos de sus pensamientos de guerra y más cerca de las acciones sabias: hombres de reformas visionarias y de excitantes juegos sexuales. Sin mucho alarde, hombres que van desenvolviéndose desde sus entrañas para mimetizarse como verdaderos magos, cocineros, amigos, peregrinos, amantes, maridos, además de bellos, pacíficos o místicos. Son los más machos y los más fuertes porque gritan no para escupir o mear sino para ser lo que quieren ser: menos bestias y más humanos. Como expertos buceadores de profundidades, con ellos la vida toda. 

otro.itinerario@gmail.com

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