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Lo mismo de siempre

11 de noviembre de 2011 - 06:05 p. m.

Hay ideas de cortísimo plazo que no duran ni un segundo y mutan hasta mimetizarse entre el barullo de las calles. Son como millones de pensamientos diarios que desaparecen sin nacer.

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Asunto que, pensándolo bien, es muy decoroso para no enterarse del bullicio interno de los otros. Pero también hay muchos pensamientos que se han hecho carne para alojarse en la realidad como si fueran irrefutables. Pensamientos fuertes, patriarcales, agresivos, exigentes; pensamientos de competencia, de desconfianza y de arrogancia y que son como ideas viejas, estáticas e inflexibles. Paradigmas que exigen insensata adoración.

Los pensamientos moldean hasta el tipo de smog que consumimos. Definen qué comemos o a quién amamos. Se reproducen a rápidas velocidades y obligan al cuerpo y a las emociones a acatar sus decretos. Esto o aquello, por esto y por aquello son las sentencias que crean la misma forma de actuar, de reaccionar, de vivir. Crean lo mismo de siempre. Y es que en la vida cotidiana invertimos energía, esfuerzo y mañas para dejar intenciones y posiciones fuertes sin ni siquiera percatarnos de que la rutina y los hábitos nos imponen un mundo de ataduras mentales como cadenas a una rueda perpetua de repeticiones. Nada nuevo. El Samskara, es ese lugar donde el hábito es rey. Es el lugar donde vivimos enmarañándonos infinitamente con las causas y los efectos. Es nuestro hoy.

Así que para andar con la cabeza bien puesta se requiere de dosis mínimas de silencio y, por lo menos, de una pizca de intuición. Las variables de un nuevo modo de ser son más las brechas que los extremos. Brechas entre lo austero y el exceso, entre lo masculino y lo femenino, entre lo extraño y lo cercano, entre lo móvil y lo estático, entre la mística y la razón, entre la lógica y la intuición. Brechas que hacen de la polaridad su propio revés; opuestos que son mentira porque se juntan al darse la vuelta. Brechas casi inéditas. Encontrar el pensamiento creativo, divergente, distinto, innovador es una sensación mística y magnífica, que despercude y desatasca la rutina. Ahuyenta un mal hábito.

Por eso, escapar de una eterna repetición demanda pericia, astucia, dedicación y concretos mapas de observación sobre aquellos miles de pensamientos diarios que alojamos. Requiere de quietud y de caminar, de respirar y de abrir los brazos, de respirar y de agradecer. Es invocar aquella leve metamorfosis de alguien en algún lugar para que se abran los caminos y se despejen todos los paradigmas caducos.

otro.itinerario@gmail.com

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