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Preguntas de ellas

10 de junio de 2016 - 11:20 p. m.

Las mujeres educadas para ser madres y esposas y entrenadas para callar, hacen de la entrega su sentido y su definición. Acostumbradas a la fidelidad y a la no retribución, se les olvida que pueden elegir o que sus amores irresueltos no las condenan por siempre. Marcadas por los dilemas de la tradición y la modernidad, se aventuran a esconder la suavidad y a olvidarse de la resignación. Ni sumisas ni santas, se sofocan entre las sábanas de los pésimos amantes o se revuelcan en el mar de preguntas que las asaltan.

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Y es que las mujeres se preguntan cómo pueden tener buen sexo sin ser tildadas de putas, cómo pueden bailar locamente sin ser bipolares o cómo pueden opinar de la bolsa de valores sin ser consideradas mujeres peligro. Las preguntas de ellas llegan veloces con el acoso indeseado o en la noche, cuando no hubo más. Las persiguen preguntas sobre soledades, malas compañías o fútbol. El matrimonio, los hijos o la política son pasiones, y los derechos, sus dilemas. A ellas las desvelan las recetas, las parejas, el ascenso y el maquillaje como reflejo de un mundo banal o, cuando viven en modo revolución, se despelucan, se quitan y se ponen, se educan, golpean la puerta y se divorcian. Ellas son las amigas que hablan duro y desnudan los prejuicios. Madres, hijas, abuelas, amantes, artistas, dejan atrás sus modas para reconstruirse desde las que ya murieron. Mentes brillantes, corazones ligeros, cuerpos sin miedos que brindan por lo caótico, lo crítico y la presencia común.

Y es que las preguntas de ellas no son sólo sobre si son buenas esposas o cómo se hace el arroz. Indagan sobre el embarazo adolescente o si la eutanasia es evolución. Sus preguntas conciernen al ser, el tiempo, el movimiento, la ciencia y la biología. Cuestionan la guerra aunque odien a todo pulmón y vomiten un príncipe azul atragantado en el medio del corazón. Obvio que las trasnocha el delineador, el rojo del rouge o las emociones del amor perdido. Olfatean, trabajan, cocinan, crean o echan codo para ganar espacio porque tienen doctorados y son talentosas.

Contradictorias, exigentes y tan llenas de años como de dudas, se preguntan cómo es su itinerario de vida con una voz sin recato y el cuerpo libre. Maestras de sí y guías de sus pasiones, se preguntan cómo desatar, de una vez por todas, el conocimiento encapsulado en el alma de su mundo, donde ellos también habitan pero hace rato ya que dejaron de ser su única respuesta.

otro.itinerario@gmail.com

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