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Un infinito para compartir

15 de octubre de 2010 - 09:58 p. m.

Siempre hay que volver a la respiración. Volver a ella para ahí permanecer quietos como cuando arrecia la humedad o nos hemos mudado de corazón. Estemos lejos o cerca, llenos de pasión o de dudas, con trabajo hasta la coronilla o buscando el pan de cada día, escuchar la respiración es el único camino posible para que la tristeza se disipe y la mañana se levante aún más despacio. Volver a la respiración es saberse en este instante y atreverse a explorar sin miedo el infinito mundo de lo que nos es propio.

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Dentro de las múltiples técnicas que nos ofrecen las antiguas pesquisas de sabios yóguicos, hay una tan fácil de practicar como difícil de explicar, y se llama ujjayi. Con la cabeza derecha y flexible, los hombros sueltos, la columna estirada sin tensión, se inhala intentando apretar un poco la garganta. El cierre debe ser apenas una mínima intención y en la exhalación, también sin forzar, se mantiene la misma leve presión.

Delicada y fina, intensa y asertiva, la respiración ujjayi sucede suavemente como sin suceder, escondiendo sonidos únicos y acechando estados de calma cotidiana. Así, sin mucha exigencia, percibiendo y casi como tragando aire, esta técnica de relajación disminuye el ritmo cardíaco y destapa las rutas hacia el silencio interno. Pareciera difícil respirar y a la vez apretar la garganta, pero no hay lugar para los deslices, porque el mejor indicio de que todo fluye, es sentir ese magnífico éxtasis de aire ligero viajando profundo a través de la columna, el tronco, la barriga y los pies.

Ujjayi es sabiduría. No tiene error, dolor, negativa ni contraindicación. Funciona por la mañana y por la tarde, sentados o de pie, en el bus o caminando para olvidar. Dócil, lumínica y líquida, esta respiración contraída es el escudo para el acelere brutal, el cuerpo descalabrado y el alma sofocada por las necesidades salvajes; simplemente un detonante para darle cuerpo a tanto deseo agazapado. Ujjayi es más que la posibilidad de encontrar una guarida de paz; es la serenidad que no se escabulle y las plegarias hechas realidad.

Como escalera de conexión, respirar contrayendo ligeramente la garganta es el itinerario para volver a casa y una llave sencilla hacia la libertad. Ujjayi son todos esos segundos donde no hay prisas ni obligaciones, donde lo ajeno es compasión y donde la ilusión es realidad. Amiga y confidente, cada inhalación es la puerta al infinito personal, ese mismo que casi siempre osamos compartir.

otro.itinerario@gmail.com

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