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Una investigación cotidiana

07 de marzo de 2014 - 08:39 p. m.

Nacer es el inicio de un laboratorio personal donde se despliegan ideas, emociones y necesidades propias y donde los enredos son cosa de todos los días en ese ovillo de experimentos llamado mundo.

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Poco a poco se van expandiendo no sólo las células sino los guiones y los actores. Van cambiando las escenografías y el maquillaje es abundante. Nacer es siempre acto de valentía, de puja y de obligación. Nacer es apostarle a un juego en el que caben sobreactuaciones, acuerdos, ataques, defensas y hasta el mal de ojo. Es cuando se abre la infinitud de sentidos y las opciones no son necesariamente aleatorias.

Una nueva vida puede ser la oda al individualismo o la apuesta por la responsabilidad compartida donde variables y factores se evidencian a través del tacto, la vista, el destino, la colaboración o el azar. Toda vida tiene algunos momentos estelares, episodios de hilaridad y su dosis de tragedia. Hay quienes optan por las ideas fijas y hay quienes se liberan de estructuras impuestas. Hay quienes comprenden y los hay que ni cuenta se dan. Se juega un rol para cambiarlo, indagarlo, reconocerlo, apreciarlo, desconocerlo sin importar si se es zapatero, político, rico, serio, combativo, loco, poeta o vago, o si se es él o ella.

La vida hay que buscarla en el cuerpo de otros o vivirla creyendo que se está en el cuerpo equivocado. Vida es vida, vida con muerte, vida con prisión, vida sin miedos, vida con afecto, vida en comunión. Infinidad de posibilidades, infinidad de opciones, infinidad de decisiones. En toda vida hay hormonas que vienen y van, mezcladas de deseos mundanos o de huidas místicas. Hay tensión. Hay responsabilidad. Hay movimiento. Tiene que haber ética.

La vida es diversidad, colores, motivos y misterios. Es contagio. Explorarla es alcanzar la magnificencia. Es la celebración de lo imprevisto. Es la danza y el sonido. Es la belleza del fuego o la profundidad del océano. Investigarla invita a experimentar sin imponer, descubrir sin aferrarse, conocer para olvidar. Develar la vida y sus acertijos requiere de un observador que sea agudo y atento a los indicios que liberan las amarras, a los indicios que son las trampas de lo ya inventado o a los indicios que obligan la deducción, abrazan la aceptación y decretan la retirada.

Sí, nacer es investigar. Averiguar para qué estamos, por qué y dónde. Es el laboratorio de las intenciones personales, de los dictámenes de los demás y de las mutuas hipótesis. Pero, más allá del sufrimiento y del placer, nacer es tener el coraje de plantearse las preguntas difíciles como por ejemplo las del amor y la dulzura.

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