Obama no tiene la cara pintada.
Al contrario de lo que pudo pensar Santos cuando se le ocurrió montar semejante zafarrancho en la Casa Blanca, celebrando los 15 años del Plan Colombia, ¡y no invitar ni a un negro!
Juan Manuel seguramente debió escuchar a algunos líderes afroamericanos republicanos, los cuales llaman a Obama “bounty” (negro por fuera y blanco por dentro) porque, según ellos, no representa los intereses ni la lucha del pueblo negro. Y muy mal de asesores de mercadeo debe estar Juampa, que se va a vender el gato entalegado de la paz por US$450 millones sin siquiera informarse del perfil de su potencial cliente.
O acaso no le contaron a Juampa que Obama presionó al entonces presidente Uribe con posponer la firma del TLC hasta que participara del poder el pueblo afrocolombiano, y como resultado nombró a Paula Moreno de ministra de Cultura y a Libia Mosquera de cónsul en Washington; que Obama aprobó un proyecto para el empoderamiento del pueblo afro e indígena en Colombia por US$65 millones; que los programas de DD. HH., prevención y atención a la niñez de la Usaid aumentaron significativamente, aunque no suficiente, durante su administración; que desde entonces todos los años en la casa del embajador de los EE. UU. en Bogotá se celebra el día de la afrocolombianidad; y seguro menos le contaron que quienes llevaron a Obama a la Presidencia fueron los raperos negros de los EE. UU.
Creo que eso último sobre todo no se lo contaron. ¡Pues de seguro, por lo menos, me hubiese invitado a mí!
Corrijo, sí hubo un invitado negro. Uno entre 250. Ni el 0,4 %. Cuando debió invitar a por lo menos 42 personas negras, ya que en Colombia somos el 17 % de la población. Y si supusiéramos que la invitación debió hacerse por representación de los afectados por los “efectos colaterales del Plan Colombia”, el 90 % de los montados en los dos aviones debieron ser representantes de los grupos étnicos.
Pero, como a mí no me ha nombrado su asesor —todavía (diría Chávez)—, se fueron a “celebrar” el Plan Colombia, como si estos últimos 15 años hubiesen sido un carnaval para el país. O tal vez sí, pero en vez de agüita pa mi gente, rociaron fue bala y glifosato. Yo hubiera recomendado mejor conmemorar…
O por lo menos dejado el cinismo en los discursos. Después de US$10.000 millones invertidos, resultaron cinco millones de desplazados; los cultivos, la producción de coca y el narcotráfico sigue creciendo; las guerrillas siguen vivas (por eso el Eln andan de lucidos); la economía en manos de los mismos; y las instituciones siguen débiles.
Santos no puede ir a vender una Colombia sostenible, con equidad y justicia, desarrollo y prosperidad, sin incluir a la población afro. No por hacer lobby, ni como acción afirmativa, se trata de factibilidad. No puede pretender un país productivo y competitivo sin aprovechar toda la capacidad de su talento humano. El éxito de construir desde las diferencias no es un discurso, es una realidad comprobada; debe haber diversidad en la mesa de negociaciones, en el grupo de planeación de Paz Colombia y en su gabinete de Gobierno.
¿O para tomar decisiones significativas y trascendentales para el pueblo afro, en lo que le queda, va a esperar Juampa a que Obama le diga: “He, men… ¿me vas a ver la cara?”, y le ponga los huevitos en aprietos como lo hizo con Uribe?