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Crítica y Conocimiento Cultural Culinario (I)

04 de noviembre de 2011 - 06:00 p. m.

Acabo de Leer en: Revista Arcadia. com., la columna de Nicolás Morales titulada “Cuando la Gastronomía arrinconó a la Cultura” (*) y me siento absolutamente identificada desde la primera hasta la última línea. Estoy agotada – léase remamada – de escribir y escribir en contra de un supuesto saber gastronómico, el cual en menos de 10 años se convirtió en epidemia y al que yo he denominado “Galimatías Gastronómico”.

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Es con dicho galimatías que se alimenta ese espantoso y mal llamado periodismo gastronómico del que tan atinadamente Nicolás Morales comenta en su artículo. Como mis editores me exigen sinopsis voy a convertir esta columna en una carta abierta para el colega Nicolás, pues tengo tupía sobre el tema y deseo compartirlo con él, a quien no conozco y espero algún día conocer.

Nicolás: Durante más de 4 lustros escribí en un periódico de Medellín, bajo el seudónimo de Doña Gula, ésta sencilla crónica (Máquina de Moler) la cual hace dos años estoy publicando en este diario y cuya filosofía es comentar en un lenguaje completamente peatonal, las infinitas sorpresas y maravillas que ofrecen todas las cocinas populares (campesinas y urbanas de todo el mundo) y cuyos principales protagonistas son hombres y mujeres anónimos (la mayoría de veces completamente analfabetas) pero con un gran conocimiento de su sazón, el cual difícilmente lo supera el conocimiento profesional culinario. Se trata entonces de crónicas, donde lo elemental, lo sencillo, lo trivial y hasta lo baladí toma forma e importancia. Es así como he escrito más de 300 columnas sobre temas tan sencillos como: La importancia de comer con la mano; Elogio al Fuego Lento; El Enigmático sabor del Agua; La Cocina en Hoja; Los confites de los Restaurantes; Vegetarianismo Fundamentalista; Vanguardismo Culinario; Sopas para Enfermos; El Encanto de la Carne Cruda; La Dificultad de lo Sencillo; la Vida sin Nevera, etc, etc, etcétera. También alimenta la filosofía de estas crónicas, el ánimo de divulgar y ubicar geográficamente pequeños negocios, ventas de colaciones en ventanas de barrio, fondas de carretera, carnicerías de vereda, panaderías de pueblo, pequeños comedores o fogones rurales (que son auténticos restaurantes); comedores y cocineras de plazas de mercado, artesanos de bebidas, motes, mazamorras y chichas, dulces, fritos, encurtidos y vinagres que pululan por todo los pueblos Colombia.

Nicolás, que te quede claro: mis crónicas – sin negar la existencia de la gastronomía, sobre la cual sólo opino en lugares muy aburridos y con gente muy aburridora – apuntan únicamente a un periodismo que se apoya en el título de ésta columna. Espero algún día podamos disfrutar alrededor de una mesa, de una buena conversación, una buenas copas y una deliciosa comida … trilogía por antonomasia de un sencillo sibaritismo.

Va un cordial saludo

Doña Gula

(*) http://www.revistaarcadia.com/opinion/columnas/articulo/cuando-gastronom…

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