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Desayunos domingueros

18 de noviembre de 2011 - 12:20 p. m.

Hay un tipo de personas en la vida con las cuales jamás podré convivir: son aquellas que nunca desayunan. No logro entender cómo existen personas que de lunes a lunes se desayunan con un té y una tostada; pues a mí lo que más me apasiona es renovar sabores de quesos, mermeladas, panes, yogures, jugos, frutas y cereales, motivo por el cual desde hace muchos años, en el transcurso de una semana desayuno de 4 o 5 maneras diferentes.

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En esta carta tengo diferentes versiones, veamos: desayuno para atletas: fruta, cereales y yogur; desayuno sencillo: café, pan, mantequilla y mermelada; desayuno de colegial en crecimiento: doble arepa, mantequilla, quesito y huevos en cualquier versión; desayuno gringo: es decir, se me alborotan las ganas de pancakes o de waffles con mantequilla y maple; desayunito criollo, versión tienda de esquina: aguapanela o tinto con buñuelo o pandequeso… y versión cafetería del centro: chocolate espumoso acompañado de pan caliente, queso y mantequilla; desayuno Bogotano: changua o caldo de costilla; desayuno yuppie: sobrado de pizza en nevera con Coca-Cola; desayuno de enguayabada, del cual tengo dos versiones: la primera me pide grasa y le gasto viaje a unas empanaditas tempraneras del vecindario, la segunda me pide carne y me despacho: bistec a caballo (carne asada con huevo frito encima). Además de los desayunos referidos, tengo una clasificación de desayunos fuera de mi casa, la cual resumo así: detesto los desayunos de avión y de clínica, mucho menos me gustan los desayunos de convenciones de trabajo; eso sí, me encantan los desayunos de carretera, me encantan los desayunos en finca ajena y me encantan los desayunos de un buen hotel.

Ahora bien, nada que me guste más que el desayuno del domingo. Como la mayoría de los mortales, para mí el desayuno de este día tiene algo muy especial, pues me parece que mi casa goza de un silencio diferente, la música también me suena diferente, la luz del día la veo diferente y las ganas de desayunar no son las mismas del resto de la semana. Personalmente, comienzo a pensar en su composición desde el día sábado en la noche, revisando en mi nevera existencias de recalentados e inventariando posibilidades. La versión dominguera que más consumo es aquella que se compone de fríjoles recalentados, pequeña porción de morcilla, huevos con tocineta, arepa de tela bien tostada con mantequilla y quesito, café con crema, un litro de agua helada y sanseacabó. Finalmente, lo más gustoso de este acontecimiento es aquello que para mí se convierte en el santo y seña de su existencia: El Espectador y una desparramada y profunda siesta.

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