Hoy mi invitación le corresponde al delicioso y versátil plátano maduro. No pretendo sustentar que con este fruto se puedan hacer las miles de recetas que permite la señora papa; sin embargo, estoy segura de que con el plátano maduro se logran no una, ni seis recetas, sino más de una docena de preparaciones.
No se necesita ser especialista del fogón para saber que esta monocotiledónea, en cualquiera de los sistemas que permite el oficio de cocinar, queda absolutamente sabrosa.
Consumo plátano maduro en cualquiera de sus versiones y me parece que su presencia cumple siempre con esa “discreta cuota de dulce” que eventualmente aparece en la composición de un plato fuerte; en otras palabras, lo considero excelente guarnición para carnes, aves y pescados. ¿Acaso una tajada madura, unos plátanos calaos con panela o un picado de plátano espolvoreado de canela no acompañan perfectamente una lonja o filete de res, marrano, pollo pescado?
Cada día me convenzo más de la existencia de una “vergüenza ajena” por parte de los restaurantes de categoría en lo concerniente a utilizar los productos de alimentación popular en sus versiones más corrientes. Con excepción de la papa, cuya presencia es obligatoria en todas las parrillas y restaurantes de comida criolla, las otras delicias vernáculas que hacen parte del bastimento popular jamás reciben cabida en cartas de restaurantes con mantel. A riesgo de ser censurada por los paladares gourmets, estoy convencida de que un steak a la poivre va bien con unas tajadas maduras; un cañón de cerdo encebollado a la plancha, saldría perfectamente acompañado de unos plátanos en miel; una pechuga de pollo al curry se resaltaría con un picado de maduro espolvoreado de especias y finalmente un filete de merluza al vapor sale perfectamente acompañado de un sencillo plátano cocinado.
Expuesto lo anterior más de uno se preguntará ¿dónde deja Doña Gula el plátano maduro asado? Mi respuesta es muy sencilla: está fuera de concurso. En efecto, un plátano maduro preparado al horno en brasas de carbón sirve de acompañamiento para plato fuerte y es un perfecto postre. Con sólo mencionarlo viene a mi memoria un suculento hartón relleno de mantequilla y cuajada y acompañado (léase, maridaje) de un vaso de leche fría… propuesta de sobremesa muy colombiana que tiende a desaparecer y que anonada a todos los comensales extranjeros.