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Jamás renunciaré a mis canastas

16 de diciembre de 2011 - 03:07 p. m.

No nací como Moisés en una canasta; pero puedo asegurar que mis primeros días de vida los pasé dentro de un armatoste parecido, y también puedo asegurar que el primer vehículo en que me sacaron a mostrarme el mundo era una parihuela de mimbre con cuatro ruedas.

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Mi mamá tenía docenas de canastas, mis tías tenían canastas, mis abuelas tenían canastas y es así como me críe, entre canastas de todo tipo, color, forma, origen y tamaño. En todas sus casas había canastas para las flores, canastas para los huevos, canastas para los envases, canastas para la carne, canastas para la ropa sucia, canastas para la ropa limpia, canastas para la lencería, canastos para el costurero, canasticos para el tocador, canastos para jabones, canastos para frutas, canastos para el grano, canastos para el revuelto y canastos para legumbres, y, por consiguiente, existía un cuarto, un rincón, una viga o un zarzo para guardar tan utilitarios implementos. Si se iba para el mercado, se llevaba canasta; si la visita era al costurero, se lucía la más pomposa de las canastas; si el paseo era para un río o una quebrada, obviamente el fiambre iba en canasta; si un pariente enfermaba, la canasta para llevar a la clínica con tinto y cuidos de familia era irreemplazable; de igual manera, en épocas navideñas, los regalos se repartían en canastas, y buñuelos, hojuelas y natillas se transportaban incólumes en tan universales elementos; finalmente, y aunque aparezca desatinada la comparación, las canastas para las señoras canasteras eran como los libros para los bibliófilos, es decir que se prestaban, se reclamaban y se devolvían. Todo el mundo tenía canastas, todo el mundo las llevaba y las traía y, por lo tanto, sus propietarios las cuidaban y consentían como una riqueza más del ajuar casero de uso cotidiano y en estrecha relación con la atmósfera culinaria… cocina que se respetara, tenía una y más canastas.

Hoy en día las canastas se han venido a menos y la gran responsable de su probable desaparición es la práctica, pero espantosa, bolsa plástica. No soy una especialista en cestería y mucho menos una coleccionista apasionada de esta estupenda invención del hombre; pero francamente, no termino de admirarme con sus diseños, sus formas, sus tramas y sus materias primas, y considero que la canasta es tal vez el accesorio más elemental y conveniente para almacenar y transportar alimentos, convirtiéndose a la vez en el más hermoso y decorativo elemento para lucir los productos en una cocina o en un comedor, bien en su estado natural o aun transformados culinariamente. Finalmente, creo que soy una de las pocas personas que aún salen orondas y orgullosas a la calle con canasta en mano.

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