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Con la mirada en el Kremlin

02 de marzo de 2015 - 10:00 p. m.

Desde el diez de febrero Boris Nemtsov anunció que lo iban a matar. Antes de que terminara el mes le dispararon por la espalda mientras caminaba cerca de la media noche sobre el puente Bolshoy Moskvoretsky.

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En las fotografías que publicó la prensa aparece su cuerpo tendido en el suelo, con las cúpulas del Kremlin y la Catedral de San Basilio al fondo. Por ahora es claro que acertó en cuanto a la proximidad y la forma del fin de su vida; está por verse si también atinó anticipadamente a denunciar a quien haya podido ordenar su asesinato.

Boris Yefimovich Nemtsov se doctoró a los veinticinco años en física y matemáticas. Hasta 1989 trabajó en física cuántica, termodinámica y acústica en un centro de investigación en Gorky y llegó a patentar algunos inventos, antes de entrar a la vida política a raíz del desastre de Chernóbil. Entonces participó en un movimiento cívico que consiguió evitar la construcción de otra central nuclear en la misma región. Ese año compitió infructuosamente como candidato al Congreso de los Soviets de Diputados del Pueblo con una plataforma que proponía abiertamente la adopción de una democracia multipartidista y un régimen de empresa privada.

A la caída del régimen soviético ascendió tanto y tan rápidamente en la escala del nuevo aparato del poder, por elección o por nombramiento, que llegó a ocupar un lugar en la lista de los presidenciables rusos. Carismático y mediático, Nemtsov llegó a figurar en los sondeos con más del cincuenta por ciento de posibilidades de ser presidente. Una voz de alerta para el grupo de los competidores por una nueva versión del poder que difícilmente se podría apartar de un tajo de las tradiciones soviéticas.

El secreto de su ascenso, hasta donde pudo llegar, radicó en el impulso y la visibilidad que le dio Boris Yeltsin. Su trabajo en la Comisión de reforma de la agricultura y la liberalización del comercio exterior dentro del Soviet Supremo de la República Rusa le permitió conocer al primer Presidente de la nueva era, a cuya sombra trabajó como consejero económico, gobernador de Nizhny Novgorod y más tarde Primer Vice Primer Ministro de la Federación Rusa, encargado de la reforma del sector energético. Paradójicamente ese último nombramiento, que parecía ser la antesala de la llegada a la cúspide, se convirtió en el prólogo de su caída: la crisis económica del 98 y el ascenso vertiginoso de Vladimir Putin lo sacaron de la lista.

Sus intentos por regresar a las cumbres de la vida política fueron en vano desde el punto de vista de su carrera personal, por falta de apoyo electoral suficiente, pero tuvieron significación dentro del proceso político ruso contemporáneo. Sus propuestas estuvieron siempre orientadas a la liberalización del país y de su sistema político. Militó y fue protagonista principal en diferentes movimientos y partidos afines con esa visión del futuro. Hizo todo tipo de alianzas con quienes tuvieran una visión más abierta de la sociedad y de la economía. Se opuso siempre, sin vacilaciones y también sin éxito, a las políticas triunfantes en las urnas de los gobiernos de Putin y Medvedev. Hasta que comprendió que debía retirarse y se fue al sector privado.

Todo parecía haber terminado para Nemtsov, hasta que se le ocurrió salir de nuevo a la escena pública, para protestar primero por la anexión de Crimea y últimamente por la conducción de la economía y el manejo de la situación en Ucrania. En este caso tomó partido y fue consejero económico del gobierno ucraniano, al tiempo que se opuso a Putin en toda la línea.

Al parecer horas antes de su muerte había dado una entrevista de radio particularmente virulenta contra el Presidente Putin, a quien ya había acusado de antemano de su posible asesinato en escrito publicado en una página de noticias en las redes sociales. Se dice que estaba preparando un reporte que demostraría el apoyo del Kremlin a los separatistas de Ucrania. Y en todo caso se aprestaba a liderar el fin de semana una manifestación contra la guerra de Ucrania y la situación económica de Rusia, que había convocado entre otras formas mediante un Tweet que conducía al siguiente aviso: “Aquellos que están en favor del fin de la guerra entre Rusia y Ucrania y contra la agresión de Putin, vengan a la Marcha de Primavera en Maryino el 1° de marzo”.

Como suele suceder en esos casos, los intérpretes del hecho, y de la situación, se han alineado para calificarla según su posición y sus preferencias. Así, el gobierno del Presidente Putin ha condenado el asesinato y llamado por una investigación adecuada, al tiempo que acusa a quienes lo hayan perpetrado de atentar contra la estabilidad del país. El comité encargado del caso ha dicho que no descarta ninguna posibilidad, incluyendo el radicalismo islámico. Los opositores y los amigos del político asesinado piensan otra cosa. Falta mucho todavía para establecer si Boris Nemtsov tenía tan claro de dónde saldrían las balas que le quitaron la vida mientras miraba a lo lejos la ciudadela de poder que una vez fue su meta, y donde según los opositores al gobierno, como el famoso ajedrecista Gari Kasparov, puede estar la clave de lo que pasó.

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