Los procesos de la vida urbana, en su conjunto, representan al comenzar el año 2014 el fenómeno más dinámico del mundo contemporáneo, que concierne de una u otra manera a la mayoría de los habitantes humanos del planeta.
Las ciudades, en todos los continentes, alojan los elementos más significativos del poder económico y también del poder político, en una combinación que las hace tan poderosas que su manejo exige cada vez más responsabilidad y requiere cada vez más refinamiento, de manera que su orientación no se puede dejar en manos de cualquiera. Y esto incluye no solamente a los gobernantes locales, sino a los del orden nacional, que alguna idea deben tener sobre el tema del desarrollo urbano. Algo para tener en cuenta a lo largo de un año en el que los colombianos debemos manifestarnos como ciudadanos, con nuestro voto, respecto de nuestro destino.
Ya es bien sabido que la condición urbana es el signo característico de más de la mitad de los seres humanos, que con sus virtudes y defectos siguen siendo, al menos en apariencia, la especie dominante de nuestro mundo. Pero el hecho de que esa mayoría urbana se presente en prácticamente todas las regiones del mundo no es simplemente una coincidencia de proporciones universales. Algo hay, en el fondo, que hace que las ventajas y desventajas de la vida urbana trascienden todas las fronteras, porque es evidente que las ciudades tienen en todas partes características comunes, al tiempo que afrontan retos similares.
Nadie ha podido, ni presumiblemente podrá en el corto o el mediano plazo, ni en nuestro país ni en ningún otro, atajar el flujo de seres humanos hacia las ciudades y evitar el embate de las migraciones, que exige una especie de don de la anticipación que hasta ahora no forma claramente parte del arte tradicional de gobernar. Lo que significa que el fenómeno plantea problemas para los gobiernos locales y sus planificadores, por supuesto, pero también para los gobiernos nacionales, lo mismo que para los orientadores de los procesos del desarrollo en sus definiciones más amplias.
Estamos entonces ante un fenómeno a la vez nacional e internacional que, por encima de las diferencias culturales que se puedan encontrar entre regiones y países, presenta características comunes. Estas tienen que ver en términos generales con la habitabilidad de las ciudades. Y en términos específicos con la relación que tengan con su entorno natural y su capacidad de reacción ante el cambio climático. También con la movilidad al interior de ellas, la capacidad instalada de infraestructura para atender requerimientos crecientes de calidad de vida, la oferta de servicios de toda índole y la existencia de oportunidades para atender las necesidades fundamentales de sus habitantes, como la obtención de un trabajo estable y productivo tanto para el individuo como para la sociedad.
El nuevo año será, en el mundo y en nuestro país, un período en el que las ciudades han de figurar alto en la agenda, no solo porque tengamos que estar alerta con el destino de la Capital de Colombia, que no puede ser ajeno a ningún colombiano, en cuanto Bogotá es la única metrópolis que puede representar lo que es la combinación de buena parte de los ingredientes de la nación entera, sino porque a lo largo del año tendrán lugar en nuestro país eventos de significación internacional en la interminable discusión sobre el destino de las ciudades, sin tener en cuenta fronteras.
La Sociedad Mundial por al Ekística, el movimiento iniciado por Constantinos Doxiadis en los años sesenta del Siglo pasado, que contribuyó a la existencia de Hábitat de Naciones Unidas, realizará su reunión anual en la Universidad del Rosario, sede de uno de los pocos programas universitarios que, en el mundo, forman desde temprana edad futuros orientadores de procesos urbanos con criterio ekístico, es decir interdisciplinario y flexible ante las exigencias específicas de cada ciudad. Dicha reunión, con representantes de países de todos los continentes, miembros de la Sociedad, será uno de los preámbulos del Séptimo Foro Mundial Urbano, reunión oficial de UN Hábitat, que se celebra cada dos años y que tendrá como escenario la ciudad de Medellín, aclamada en el sexto foro, en la ciudad italiana de Nápoles como sede de ese encuentro, que no debe ser ajeno a ningún colombiano, porque somos un país de ciudades y nuestro destino depende enormemente de la conciencia, el criterio y la capacidad de exigencia que podamos desarrollar, lo mismo que del poder que seamos capaces de ejercer tanto a la hora de escoger nuestros gobernantes locales, como de supervisar su gestión. Para no dejar el futuro de nuestras ciudades en manos inexpertas, y mucho menos a mereced de inquisidores sin criterio suficiente para calificar situaciones urbanas que requieren de conocimientos más allá de prejuicios.