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Odiseo Papaconstantinou

26 de abril de 2010 - 11:45 p. m.

Salvar a un país de la quiebra requiere más coraje que dinero, porque cualquier arreglo con los acreedores, de por sí difícil, será insuficiente si además nadie quiere pagar las deudas.

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Las decisiones que se tomen ante una situación de catástrofe económica dejarán siempre descontentos a unos cuantos y sembrarán las semillas de discordias futuras. El proceso para establecer responsabilidades es política y moralmente indispensable, pero resulta dispendioso y distrae de la secuencia de solución del problema. Además no tiene el alcance de enderezar inconvenientes económicos, internos e internacionales, que ya se causaron y que sólo tienden a agravarse si no se les atiende con urgencia.

Bajo la dirección del tercer Primer Ministro de la dinastía Papandreou, que ha hecho apariciones en el escenario político griego desde mediados del siglo XX en posiciones de vanguardia, el gobierno del Partido Socialista Panhelénico tuvo que llegar al extremo de reconocer que la situación de déficit y endeudamiento había alcanzado niveles insostenibles. Para ser consecuentes con su denuncia, los socialistas ahora van a tener que sepultar conquistas sociales por las que en otras épocas lucharon. Además tendrán que ejercer el poder disciplinario que se requiere para imponer medidas impopulares, de una dureza excepcional y muy ajenas a su tradición y a sus ideales.

Superada ya la etapa en la que pudo esperarse que a punta nuevas negociaciones con el sector financiero y medidas internas de drásticos recortes al gasto público sería posible arreglar los problemas, han vuelto a saltar al escenario las potencias económicas de Europa y el Fondo Monetario Internacional. No es que a los europeos les interese demasiado, por sí misma, la situación griega, sino que les importan sobremanera los efectos que la quiebra de uno de los estados de la Unión pueda traer para el espacio económico común y en particular para la salud del Euro. A lo que se agrega la no despreciable preocupación por el efecto dominó que la caída eventual de uno de los miembros pueda tener respecto de otros que, como los griegos, han excedido los límites de endeudamiento y déficit a los que los socios de la unión económica se han comprometido.

La tarea impuesta por las circunstancias al gobierno del PASOK no es nada fácil de cumplir, porque ha de ser realizada con respeto por un complicado equilibrio entre factores externos e internos. En el frente exterior son ya bastantes las dificultades y reacciones desagradables que ha tenido que soportar, particularmente de parte de comentaristas de países reconocidos por su disciplina, que reclaman de los griegos mayor seriedad en el manejo de sus finanzas. Y ante los acreedores deberá garantizar el cumplimiento de las penosas obligaciones que en estos casos se imponen a los que terminan en la pobreza, sea por dilapidación o por haber tratado de vivir por encima de sus posibilidades.

El frente interno presenta, en todo caso, el espectáculo más deprimente. Descontados los que siempre se las arreglan para escapar de las malas situaciones gracias a sus privilegios, millones de ciudadanos viven bajo los efectos del síndrome del engaño, en cuanto ahora se hace evidente que las verdaderas cifras de la economía nacional se les mantuvieron ocultas. Pero, por encima de todo ello, los sectores populares y de la clase media sufren la devastación que la situación significa para sus proyectos de bienestar personal, que hace unos años creyeron irían a florecer con motivo del ingreso del país a la comunidad formal de la Europa integrada. Las reducciones de salarios, el avance vertiginoso del desempleo y la depredación del sistema de pensiones, pesan ahora para ellos como una condena colectiva por hechos de los cuales no son culpables.

En esta hora de la verdad, la oposición no tiene mayores argumentos para criticar las decisiones del gobierno, porque el país apenas sale de un período de dos gobiernos de la derecha, que contribuyeron al crecimiento del problema, además de haberlo ocultado de la opinión pública, lo que le quita toda autoridad para manifestarse. La odisea de Giorgos Papaconstantinou, Ministro de Economía, es la travesía que le obliga a navegar por aguas tormentosas en busca de dos hazañas: la primera es la de convencer al Fondo Monetario y a los gobiernos del resto de Europa de que el plan de recuperación es creíble y posible, para que lo saquen de las garras de los especuladores. La segunda es la de vencer la desconfianza y la furia que asomarán a cada rato en lo profundo de una sociedad que ya no puede contar con los socialistas como garantes de la protección de los débiles.

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