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Podemos

20 de octubre de 2014 - 09:00 p. m.

La fuerza ciudadana podría, en el mejor tono democrático, cambiar el destino de un país.

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Si alguien consigue movilizar a la ciudadanía en torno a metas políticas sentidas como necesidad colectiva a través de un proyecto creíble, cuando los partidos languidecen en la reiteración de su ineptitud, el panorama puede resultar oxigenado y muchas cosas nuevas se pueden dar.

Impulsado por profesores universitarios que decidieron dejar de decir cosas en abstracto y de hacer estudios de caso como ejercicio intelectual, el movimiento político “Podemos” ha irrumpido en el escenario político español con propuestas relacionadas con los problemas que aquejan a una sociedad cuyos partidos parece que hace tiempo no dicen nada nuevo; o por lo menos así parecen percibirlo millones de ciudadanos.

No faltará quien critique el origen académico de las propuestas, como tampoco falta jamás quien se queje de la distancia entre las universidades y los procesos reales de la sociedad. Pero el hecho es que, como van las cosas, es muy posible que “Podemos” se convierta en una alternativa que convoque una proporción significativa de los votantes en las Elecciones Generales de 2015.

Entrar a “romper” en política siempre será difícil porque puede causar espanto, pero tratar de cambiar sin romper es volver a la misma llanada de la que solamente se sale con los cambios. Para esos efectos, de algo tienen que servirles a los profesores universitarios su formación original y el ejercicio permanente de reflexión y de interpretación de las aspiraciones sociales, pero sobre todo el desarrollo de su habilidad para elaborar un discurso que no solamente demuestre que las entiende sino que es capaz de orientarlas en una dirección confiable.

Los españoles que consideran agotado el discurso de los partidos que surgieron de la era democrática y los que hasta ahora apenas se han declarado como indignados y estaban en espera de una propuesta política creíble, seguramente volverán la mirada hacia Pablo Iglesias y sus socios de “Podemos”. Para aceptarlos tienen que ver si se sienten representados cuando el líder del movimiento afirma que “existe una mayoría social que quiere que los ricos paguen impuestos, que sabe que la única manera de acabar con la corrupción es democratizar la economía, y que sabe que el problema de la crisis es que hemos estado gobernados por magnates”.

Como si la rebeldía en la forma de ver la vida política y las propuestas de fondo para transformarla no fueran suficientes en el propósito de tratar de convencer a los ciudadanos, “Podemos” se ha equipado con una potente estrategia contemporánea de comunicación política como son las redes sociales, que ya parecen haber comenzado a dar resultados. La imagen de un movimiento “en movimiento” por los canales que en el mundo de hoy han demostrado ser los más idóneos, puede darle un impulso extra a las propuestas, por la sencilla razón de que llegan con la carga de innovación requerida para convertirse de pronto en una fuerza definitiva a la hora de configurar una nueva versión del legislativo.

La premisa del éxito de los movimientos políticos que se presentan como alternativa en medio de un país con señales de estancamiento es comprender el estado de ánimo de los ciudadanos. Su obligación es la de ser creativos, ingeniosos y realistas a la hora de las propuestas. El riesgo que corren es el de caer en lo coyuntural o, aún peor, el de terminar vistiendo el disfraz, e incurriendo en las especulaciones, del populismo. De su capacidad para entender el estado real de la nación y de concebir fórmulas adecuadas y practicables para cambiarlo, dependen las posibilidades de éxito de su proyecto, y de su contribución a que las cosas de verdad mejoren para todos.

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