Rusia seguirá siendo el término de referencia de la vida en las regiones con las que se ve obligada a convivir. El fenómeno no procede solamente de la experiencia soviética.
Lo determinan circunstancias históricas y geográficas a las que se han venido a agregar otras de índole cultural, construidas a lo largo de varios siglos. Por lo tanto es posible que muchos tengan que ir a aprender de Finlandia la manera más sabia de sobrevivir al lado del país que tiene que ver con más vecindarios en Europa, las diferentes versiones de Asia, el Ártico y el Lejano Oriente.
Luego de las escaramuzas, llamadas por algunos guerra breve, entre Rusia y Georgia, a propósito de la independencia de dos provincias de ésta última que se sienten más a gusto vinculadas a Moscú que a Tbilisi, se dice que Ucrania prestó ayuda a la segunda parte más débil, es decir a los georgianos, en su empeño por enfrentar a la gran potencia regional.
La noticia, cierta o falsa, no podía aparecer en el momento más difícil para las relaciones del gobierno de Ucrania con los rusos, particularmente cuando ante la amenaza del invierno es urgente garantizar el acceso de los ucranianos al suministro de gas, para lo cual es preciso no sólo tener buenas relaciones sino estar libre de toda sospecha respecto de quien tiene en sus manos la llave, esto es el gobierno de Moscú.
El tema ha salido en un encuentro entre los dos primeros ministros. Lo cual no sería tan complicado si no se tratase, en el caso ucraniano, de la principal opositora al Presidente Yushchenko y en el lado ruso nada menos que del señor Putin, quien se ha dado el lujo de ocuparse unos años del cargo de primer ministro mientras vuelve, como todo lo indica, a gobernar desde la presidencia de su país.
Yulia Timochenko no maneja los asuntos correspondientes a la defensa de Ucrania. Por lo tanto no le era difícil soportar la crítica que Putin hizo respecto de la eventualidad de que armas y asesores ucranianos hubiesen tomado parte del lado de los georgianos en el conflicto con los rusos. Pero esto no resta nada de gravedad a los comentarios y amenazas de Vladimir Putin, quien no ha vacilado en advertir que cualquier evidencia que demuestre esa cooperación hundiría a rusos y ucranianos en un hueco de discordia mayor. Sería un crimen, afirmó.
Curiosamente, las negociaciones sobre el precio del gas adquieren en el contexto contemporáneo una connotación que habría constituido herejía impensable en la era soviética, por cuanto los vendedores sugieren que, cuanto antes, si no súbitamente, sea la ley del mercado la que establezca, sin protección alguna, el precio a pagar. Ante lo cual el comprador tiene que echar mano de los viejos argumentos del trato diferencial, derivados de una época en la que se acostumbraba a hacer sacrificios por los países miembros de una cofradía política que desapareció.
Si damos la vuelta alrededor de la Rusia de hoy, encontraremos una serie de contenciosos parecidos, de una u otra índole, que demuestran que los gobernantes del Kremlin tienen todavía en sus manos las llaves de una buena serie de procesos que tienen el denominador común de verse obligados a evolucionar el ritmo que marque Moscú. So pena, como ha sucedido a lo largo de varios siglos, de verse condenados al ejercicio de una animadversión de la que sólo rescata la buena conducta hacia la hermana mayor.
Tal vez lo anterior sirva para que los gobernantes contemporáneos revisen la historia y acudan a fuentes escasas, pero también ilustrativas, de la manera como otros, en otras épocas, han logrado manejar a los rusos sin enfrentárseles ni sometérseles, dentro de unas relaciones de respeto mutuo que los rusos, porqué no, de vez en cuando logran practicar. Para ello pueden ir ciertamente a Helsinki, pero también de pronto a Teherán.