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Balance 2018 y perspectivas

22 de diciembre de 2018 - 09:00 p. m.

El balance 2018 revela una recuperación modesta con respecto a 2017. El producto nacional crecerá cerca del 2,7 %. El desempeño sectorial revela una dinámica inferior a la tendencia histórica. La construcción, la minería y la industria crecen por debajo del promedio y el empleo cerca del 1 %. No hay un sector que sobresalga con relación al resto. En la descomposición del gasto se observa que la inversión y las exportaciones en términos reales crecen por debajo del promedio. La recuperación se explica por el consumo que evoluciona por encima del 3 %, impulsado por la elevación de los precios del petróleo.

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La caída de la economía en los últimos cuatro años fue ocasionada por el descenso de los precios del petróleo y los desaciertos para enfrentarlo. Ahora se regresa a los bajos precios del petróleo con una estructura productiva tan débil como la de hace 4 años. El Banco de la República persiste en la política monetaria de tasas de interés de referencia que ha demostrado ser totalmente inefectiva para ampliar la liquidez de la economía; el crédito bancario crece cerca del 1 % en términos reales. Se configura un exceso de ahorro que impide el balance macroeconómico. El sector externo opera con una estructura deficitaria dominada por el petróleo y la minería, y no ha logrado contrarrestar el retroceso de las exportaciones industriales y agrícolas de los últimos cuatro años. El mercado laboral resulta en salarios inferiores a la productividad.

De entrada, en el próximo año la economía se verá enfrentada a un aumento de los impuestos y una caída de los precios del petróleo, lo que generará serias presiones recesivas. El déficit fiscal resultará muy inferior al déficit en cuenta corriente, lo que acentuará el exceso de ahorro y las presiones contractivas. Lo peor que podría hacerse es repetir el manejo de los últimos cuatro años en los que el desajuste se moderó por la vía de la recesión.

El programa que venía del gobierno anterior y el aplicado y propuesto por el actual en la campaña y en los primeros 150 días no es adecuado para enfrentar las nuevas realidades económicas y sociales. Lo que se plantea es recuperar el retraso de varios años y emplearlo para acelerar el crecimiento económico y elevar el salario real. En la práctica se puede realizar con la reorientación del banco central y la introducción de una política industrial.

Lo primero es un banco central altamente coordinado con la política fiscal. El dispositivo permitiría armonizar los dos déficits y suministrar la liquidez para elevar el crédito y eliminar el exceso de ahorro. El ingreso nacional alcanzaría su máximo potencial y cerraría la brecha entre la productividad y el salario.

Lo más importante es una política industrial y comercial que contrarreste las diferencias de productividad del trabajo con los países del resto del mundo y, sobre todo, cierre las enormes brechas de salarios. La tarea se puede adelantar con un sistema de aranceles escalonados y aprendizaje en el oficio que permita entrar en actividades cada vez más complejas. La pérdida de ventajas comparativas se compensaría con estructuras de mayor productividad absoluta y demanda. La industria validaría su capacidad de liderazgo y le agregaría dos puntos al crecimiento económico.

El balance 2018 deja al descubierto las deficiencias en el modelo de los últimos 25 años. La inefectividad de la política monetaria y la debilidad del sector externo constituyen serios limitantes al crecimiento económico y el mantenimiento del salario. La solución es un banco central altamente coordinado con la política fiscal y una la política industrial orientada a elevar la productividad del trabajo y reducir el diferencial de salarios con el resto del mundo.

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