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Desaciertos macroeconómicos

02 de febrero de 2016 - 10:10 a. m.

La constante mundial y nacional son los desaciertos de las políticas macroeconómicas. Durante mucho tiempo la economía mundial operó dentro de organizaciones que giraban alrededor de altas tasas de interés.

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Así, los países desarrollados estaban en condiciones de neutralizar las perturbaciones recesivas e inflacionarias con variaciones marginales de la tasa de interés sin afectar al resto del mundo.

Las condiciones cambiaron con la globalización que indujo a bajar los salarios para competir en los mercados internacionales. La reducción de los salarios con respecto a la renta del capital contrajo los consumos y no afectó mayormente la inversión. Se configuró un exceso mundial de ahorro sobre la inversión en que no todos los países caben. Inevitablemente aparecen grupos de países con excesos de ahorro y déficit en cuenta corriente que provocan la caída de la actividad productiva y elevan la inflación. Primero le ocurrió a Estados Unidos, luego a Europa, más tarde a los Brics y ahora a América Latina.

Los países han enfrentado la nueva realidad dentro del orden económico internacional de bancos centrales autónomos que le dan prioridad a la inflación, tipo de cambio flexible y equilibrio presupuestal. Las deficiencias de ahorro y las dificultades cambiarias se enfrentan con grandes devaluaciones que han resultado inefectivas. Los estudios del FMI que sirvieron de base para promoverlas y justificarlas, fallaron. En dichos estudios se establece que por cada diez puntos de devaluación las exportaciones aumentan 15 % del PIB y, en consecuencia, predicen que las devaluaciones masivas de Brasil y Colombia corregirían los desbalances externos. Nada de esto es cierto. En Colombia, la monumental devaluación de 60 % coincidió con una caída de las exportaciones de 40 % y la ampliación del déficit en cuenta corriente.

Los desaciertos muestran fallas protuberantes externas e internas. Estados Unidos y algunos países de Europa, como Alemania, buscan corregir los quebrantes mediante decisiones que los trasladan al resto del mundo. La elevación reciente de la tasa de interés determinada recientemente por la Reserva Federal bajó los precios del petróleo y contribuyó a la fuerte caída de las bolsas de valores. En cambio, los diversos estamentos estadounidenses se oponen a políticas fiscales que impulsan la actividad y contribuyen a las exportaciones de los países de menor tamaño.

Por su parte, las economías de América Latina no podían confiar que las devaluaciones tuvieran un impacto grande en economías con estructuras productivas altamente dependientes de las commodities, elevadas importaciones y fuertes retaliaciones de los vecinos. De nuevo, se confirma que los diagnósticos y análisis de los países deben fundamentarse en sus características propias y no en los mitos del FMI. A la luz de este convencimiento, en su momento recomendé intervenir el tipo de cambio por debajo de $2.700 y aplicar medidas industriales, agrícolas y comerciales orientadas a impulsar en forma selectiva las exportaciones y limitar a las importaciones con el mínimo impacto sobre los salarios.

Todo esto es consecuencia del orden económico internacional que surgió en la era neoliberal y no funciona dentro de un contexto de exceso de ahorro y tasa de interés cero. Induce a los países poderosos a ajustar las economías a cambio de lesionar al resto, a tiempo que expone a los países de mediano desarrollo, en particular los dotados de recursos naturales, a revaluaciones y devaluaciones destructivas. Como alternativa, aparece un nuevo orden de prioridad a la producción y al empleo, modalidad cambiaria regulada y desbalance presupuestal. 

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