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Diagnóstico reservado

11 de octubre de 2008 - 02:27 a. m.

El Gobierno y sus analistas cambian los objetivos para aproximarse a los hechos y ocultar los errores.

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El desplome de la producción en Colombia y la crisis financiera mundial obligan a volver sobre los temas. Hace 15 días mostré cómo se cumplió la predicción del desplome de la producción, y hace ocho días vaticiné que el rescate de US$700 mil millones no resolvería la crisis financiera de E.U.

Los dos temas se relacionan. Los dos episodios tienen origen en el mismo modelo que se adoptó hace 20 años. Concretamente, están sufriendo las consecuencias de una burbuja que generó euforia y desconcierto. En E.U. inició con la desregulación financiera que desató la valorización de los activos y en Colombia por la entrada masiva de inversión extranjera que revaluó el tipo de cambio. En los dos el proceso se manifestó en alzas de las acciones y bonos, elevación del precio de la vivienda y explosión del crédito, y ninguno de ellos era sostenible.

En E.U. la burbuja se quebró en el primer semestre de 2007 y se reconoció en agosto con la crisis hipotecaria. En Colombia se quebró en el segundo semestre y se reconoció hace un mes, cuando el Ministerio de Hacienda rindió cuentas fiscales, y se advirtió que las cifras de crecimiento de 5%, inflación de 4,5% y tipo de cambio de $1.900 no se parecían con la realidad y le restaban credibilidad y seriedad al ejercicio fiscal.

La caída de la economía colombiana empezó a verse en el cuarto trimestre de 2007, en los indicadores comunes en los primeros meses de 2008, y adquirió la forma de desplome en el segundo trimestre, y en la actualidad tiene todos los visos de acentuarse y prolongarse. En el tercer trimestre el producto avanzará menos que en el segundo y llegará a 3%. Hasta aquí las coincidencias de Colombia y E.U. se explican por la semejanza e imitación del modelo de libre mercado.

Tan sólo en el cuarto trimestre se sentirán los efectos del contagio de la crisis, aunque ya se ve en el desplome de las acciones, el resquebrajamiento de los fondos privados de pensiones y la acelerada devaluación. El resto de la paliza correrá por cuenta de la reducción de las exportaciones a E.U., Europa y Venezuela, contracción de los flujos de crédito e inversión extranjera, y menores precios de las materias primas. Al final de 2008 la economía crecerá 2% y el promedio estará cerca de 3%, cifra proyectada en esta columna desde el principio del año. En 2009 ingresará a un estado de diagnóstico reservado.

Ante semejante derrumbe, se destaca la incapacidad del Gobierno y sus centros cercanos de estudio para percibir la realidad y proyectarla. En el año se vieron comprometidos en una carrera para cambiar las metas. En lugar de reformular la teoría y modificar la política para evitar resultados imprevistos, se cambian los objetivos para aproximarse a los hechos y ocultar errores. No es fácil entender cómo quienes defendían la política oficial y la presentaban como un milagro económico, ahora pretenden enfrentar una situación que nunca les cupo en la cabeza, y lo peor, recomendando lo mismo.

En estas circunstancias el país se enfrenta a la ruptura de la burbuja de la inversión extranjera, ampliada por la ruptura de la burbuja de los E.U. No es casual que la economía colombiana sea la más averiada de la región. Como ocurre con todas las burbujas especulativas, el país se ve abocado a una rápida desvalorización del capital, reflejada en devaluación, desplome de la bolsa, menor rentabilidad de los fondos privados de pensiones, caída de los precios de vivienda, que junto con los efectos de la crisis mundial, ocasionará una fuerte contracción del crédito que restringirá más el flujo de ahorro a la inversión y terminará en una caída de la demanda efectiva y la producción que se refuerzan.

Es el típico fracaso de mercado que no genera estímulos para autocorregirse. La única forma de evitar los destrozos en otras actividades y en el sector real es cambiar el modelo por uno que permita la intervención del Estado. Parte de la tarea se encuentra en el último libro Economía y Globalización, en el que se avanza en una nueva teoría monetaria y financiera, se anticipa la crisis y se concretan elementos centrales del nuevo modelo.

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Por ahora, habría que adelantar una vigilancia a los balances de las entidades financieras, bajar la tasa de interés, establecer un cambio fijo ajustable, desempolvar los mecanismos de crédito dirigido, y lo más urgente, aplicar una abierta política fiscal y monetaria expansiva para detener el desplome de la producción y el empleo.

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