El libre mercado propició una competencia que llevó a colocar el salario por debajo de la productividad y se manifestó en grandes excedentes de ahorro, que se difundieron en el mundo para financiar la valorización de los activos.
Hace quince días señalé que la economía se encontraba en diagnóstico reservado, y en los primeros días de la semana aparecieron los reportes de la ANDI y el DANE que revelan que la industria entró en recesión. En dos trimestres consecutivos (el segundo y el tercero) la producción descendió con respecto al mismo período del año anterior y la tendencia se acelera, lo que se ajusta a la definición internacional.
Las dos encuestas revelan un estado generalizado de deterioro de la industria. Prácticamente todos los sectores registran caídas en lo corrido del año con respecto al mismo periodo del año anterior. La contracción, que en un comienzo se concentraba en las confecciones y en los automóviles, se extendió a los materiales de construcción y la maquinaria y equipo.
En el resto de sectores el proceso es variado. El comercio y la construcción siguen un comportamiento paralelo a la industria, en tanto que los servicios, el transporte, las comunicaciones y el financiero descienden lentamente. El sector externo es cuento aparte; en agosto, las exportaciones no tradicionales cayeron 31% en toneladas.
No es necesario entrar en grandes disquisiciones numéricas. Ambas encuestas revelan que el consumo, la inversión y las exportaciones crecen por debajo de la población y el empleo baja. La economía tiende a un crecimiento de 2% en el segundo semestre y a un promedio de 3% en el año, como lo vaticiné de tiempo atrás.
Las cifras de la ANDI van muy por delante de su presidente, que reacciona cuando los acontecimientos lo arrollan. En el diario Portafolio del 10 de septiembre afirma: “Si bien hay sectores que están resentidos, hay otros que pueden permitir que el crecimiento esté en 5%, e incluso un poco más”. Lo mismo puede decirse del Ministro de Hacienda y distinguidos economistas, que en la misma publicación coincidían en el buen desempeño de la economía, con algunos pequeños lunares.
¿Como es posible que estos personajes, luego de presentar durante seis años la economía como un milagro que debía imitarse en otros lugares, en un mes salen a gritar que ya llegó el lobo de la recesión? Todos ellos cabalgan en la premisa de la teoría neoclásica de que las economías son estructuralmente estables; cuando se presenta una perturbación, el mercado genera fuerzas que tienden a retornarlo a la tendencia histórica, o el Banco Central la corrige con medidas de liquidez. Mal podría caberles en la cabeza que la economía pasará de 8% a 2% en pocos meses.
La realidad es muy distinta. El libre mercado propició una competencia que llevó a colocar el salario por debajo de la productividad y se manifestó en grandes excedentes de ahorro, que se difundieron en el mundo para financiar la valorización de los activos propiciada por la desregulación de las instituciones financieras. Así, el estimulo a la inversión extranjera ocasionó la revaluación del peso, la elevación de las cotizaciones de la bolsa y la construcción y la explosión del crédito, que no eran sostenibles. La ruptura de la burbuja provocada por el alza de la tasa de interés quebró la consistencia macroeconómica; a la destrucción del sector externo se adicionaba la contracción ocasionada por la caída de los precios de los activos y la disminución del crédito. Se configuró un cuantioso exceso de ahorro que contrae la demanda efectiva y reduce el crecimiento, lo que acentúa el exceso de ahorro. El sistema es estructuralmente inestable y la política monetaria convencional es insuficiente para detener el proceso recesivo.
Parte de los errores de interpretación y de política se originan en que la conducción de la política y la opinión nacional e internacional se encuentran en manos de los economistas neoliberales que crearon la crisis por acción o por recomendación, y ahora pretenden salir del paso con paños de agua tibia. El problema es mas serio.
No obstante que el modelo de libre mercado ha venido fracasando de tiempo atrás, no se ha avanzado en una teoría que se acerque más a la realidad, ni en instituciones alternativas. Una de las excepciones ha sido el trabajo de investigación que realicé en los últimos diez años y plasmé en cuatro libros. Muchas de las ideas y propuestas, que hubieran podido adoptarse en forma planeada y ordenada, se están imponiendo por el dictamen de los hechos. En un plazo corto veremos el abandono del criterio de la inflación objetivo del Banco de la República, la intervención abierta en el mercado cambiario, la reforma de los fondos privados de pensiones y la aparición de cuantiosos déficits fiscales, entre otros.