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La economía se resquebraja

07 de marzo de 2009 - 10:00 p. m.

Lo que pasó en 2008 es la  demostración de que las economías no se autorregulan.

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La información del cuarto trimestre confirma nuestra anticipación de que la economía había entrado en recesión en noviembre del año pasado.

La producción industrial cayó 10%, la construcción privada 20%, el comercio 4% y las exportaciones 25%. La tasa de desempleo pasó de 13,2 a 14,2%. No menos diciente son las cifras por el lado de la demanda. El consumo, la inversión y balanza de pagos registran caídas apreciables.

El año 2008 pasará a la historia como la mejor ilustración de cómo las economías no se autorregulan. El crecimiento económico pasó de 7% a cero y finalmente registró un promedio cercano a 3%, como se anticipó a principios del año en esta columna.

El origen se encuentra en el deterioro de la actividad externa ocasionado por la revaluación y en la contracción del mercado interno inducida por el alza de las tasas de interés que provocó la caída de los precios de los activos y la reducción del crédito.

El proceso adquirió mayores dimensiones en el cuarto trimestre por la propagación de la crisis mundial que provocó la aceleración de la devaluación, el desplome de las exportaciones y una fuerte contracción de la liquidez.

Las perspectivas del presente año son dramáticas. El proceso de caída que viene del año 2008 se vera seriamente agravado por los episodios observados en los últimos dos meses. El exceso de ahorro de Estados Unidos causó la caída de la tasa de interés y frenó el capital que venía del resto del mundo, en especial de los países asiáticos, y que contribuía a financiar el déficit en cuenta corriente.

Los países emergentes quedaron expuestos a excesos de ahorro y caída de las exportaciones que precipitan el descenso de la producción y el ingreso y rebotan en los países desarrollados por la vía de menores importaciones. El sistema mundial se volvió estructuralmente inestable, y el comercio internacional se cerró.

A estas alturas el Gobierno no ha entrado en razón. El ministro de Hacienda y el Banco de la República, que se equivocaron sistemáticamente en las predicciones del año 2008, ahora repiten la historia en 2009. Ambos se acostumbraron a lanzar globos para luego modificarlos sin ninguna justificación técnica.

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Lo grave es que no existe un diagnóstico sobre la causa de la crisis doméstica y externa. Por el contrario, las soluciones se adoptan dentro de las mismas teorías y modelos que provocaron la debacle.

Así, la política macroeconómica gira alrededor de la inflación objetivo, la modalidad de cambio flexible y el superávit fiscal primario. La primera es inefectiva dentro del contexto del desbalance macroeconómico, porque el aumento indiscriminado de la liquidez se destina a adquirir dólares o no se recibe.

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El tipo de cambio flexible, en un momento de iliquidez mundial, ocasiona devaluación, no afecta mayormente el volumen de las exportaciones, lesiona la producción destinada al mercado interno y baja el salario real.

Por su parte, la legislación que establece como límite el superávit primario está totalmente desubicada en las condiciones internacionales existentes.

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En la práctica significa déficits fiscales de 2,5%, del PIB, que no guardan ninguna relación con el monumental desequilibrio del ahorro.

La economía colombiana enfrenta un estado similar, aunque por razones diferentes, a Estados Unidos. Se configuró un exceso de ahorro sobre la inversión que determina un fuerte vínculo entre la actividad productiva, el precio de los activos y las exportaciones, que tienden a reforzarse y propagarse.

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La única forma de evitar la extensión de los destrozos a otras actividades y al sector real es con un cambio de modelo que incorpore el exceso de ahorro y el cierre de los mercados internacionales. Parte de la tarea se realiza en mi libro Economía y Globalización.

Por ahora, se plantea una política monetaria cuya mira sea la producción y el empleo y dirija el crédito hacia los sectores que estén dispuestos a recibirlo, como la pequeña y la mediana industria, la construcción y la agricultura; la política fiscal impulsada por un déficit fiscal de 5% del PIB y sustentada en un programa de infraestructura guiado por el empleo, el aumento del gasto en salud, educación y vivienda y la ampliación de los subsidios en efectivo condicionados a la asistencia escolar; el fortalecimiento del mercado interno mediante la intervención en el mercado cambiario, la revisión arancelaria, el alza considerable del salario mínimo y la moderación de los impuestos al valor agregado de los bienes de consumo masivo.

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La fórmula redundaría en un crecimiento del consumo de dos puntos por encima del producto y le daría un fuerte impulso al resto de sectores, en particular a la inversión.

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