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La expansión de la crisis mundial

22 de agosto de 2008 - 11:52 p. m.

Las dificultades de las hipotecas fue la explosión de la burbuja inducida por la FED, que luego de reducir las tasas de interés entre 2001 y 2005 procedió a elevarlas a partir del último año hasta desatar los problemas de agosto de 2007.

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La evolución de la economía mundial cada vez desconcierta más a las autoridades y analistas. La crisis financiera de las hipotecas subprime se extendió a todo el sistema financiero de Estados Unidos y a otros países del mundo. La recesión de Estados Unidos se ha transmitido a Europa y a América Latina. Las razones del contagio no se han logrado establecer y se salen de las explicaciones convencionales.

La causa de la crisis subprime no fue otra cosa que la explosión de una burbuja inducida por la Reserva Federal que, luego de haber reducido significativamente la tasa de interés entre 2001 y 2005, procedió a elevarla a partir del último año hasta explotar la crisis subprime de agosto de 2007 y más tarde en recesión. Por su parte, Europa y América Latina en el último año siguieron el ejemplo de subir la tasa de interés con resultados parecidos.

La explicación es teórica. La globalización validó muchas de las proposiciones centrales de la macroeconomía y hasta el momento esta evidencia no se ha incorporado en las prácticas ni en el debate. En un principio, la globalización resultó en un sistema mundial de tipos de cambio flexibles y bancos centrales autónomos que le dan prioridad a la inflación sobre cualquier otro objetivo. El sistema funcionó relativamente bien en Estados Unidos y Europa durante veinte años. Los bancos centrales sólo intervenían para contrarrestar variaciones menores de la inflación y la política fiscal para regular los tipos de cambio.

El sistema se modificó radicalmente en la medida que se consolidó la globalización. Algunos países, con  Estados Unidos a la cabeza, han procedido a intervenir directamente los tipos de cambio para elevar la actividad productiva y conformar superávits cambiarios. La economía mundial pasó a ser mas gobernada por el tipo de cambio fijo, modificando el papel de la política monetaria; la intervención en el mercado cambiario y las tasas de interés se volvieron medios para sostener el tipo de cambio y neutralizar los efectos monetarios.

Aún más importante, la competencia internacional colocó los salarios por debajo de la productividad y la integración hizo que los precios de los bienes transables fueran determinados en los mercados internacionales. La inflación dejó de ser un fenómeno monetario doméstico. Las políticas fiscales y monetarias se manifiestan principalmente en la actividad productiva.

En realidad, los bancos centrales perdieron el propósito para el cual se crearon. El alza de las tasas de interés y la contracción monetaria no afectan considerablemente la inflación doméstica y, en su lugar, precipitan la caída de la producción. Frente a esta verdad de a puño, aparecen dos tipos de respuestas. De un lado, la Reserva Federal abandona la inflación objetivo, y emplea el poder monetario para asignar cuantiosos recursos tributarios en las actividades que han incurrido en mayores riesgos. Al punto que los anteriores presidentes, Greenspan y Volcker, señalan que ésta no es la finalidad de la Reserva Federal y auguran que el mantenimiento de la práctica significará su final político.

De otro lado, Europa y América Latina, empujadas por el miedo al fantasma y por la inflexibilidad de las normas estatutarias, han mantenido el propósito inflacionario y pretenden lograrlo mediante la teoría equivocada de la elevación de las tasas de interés. Si bien en Europa, en virtud de su alto peso en la economía mundial, existe la disculpa de que la caída de la actividad productiva tiene gran influencia en la inflación internacional y por ese conducto en la doméstica, el resultado es lamentable. En los últimos meses las economías de la Euroárea se desaceleraron rápidamente y varias de ellas registran índices de crecimientos negativos en el primer semestre.

El caso de América Latina es patético. La región no está en capacidad de incidir en la inflación mundial y ésta no puede ser contrarrestada en los países con políticas monetarias convencionales. Luego de haber tenido las experiencias de todo tipo de inflaciones, la región ha seguido una actitud pasiva, carente de iniciativa. Varios de los países que tienen bancos centrales autónomos o los equivalentes, como Chile, México, Brasil y Colombia, han accedido en forma sumisa a la presión de los organismos internacionales y las firmas calificadoras de riesgo para subir la tasa de interés.

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Los mayores desaciertos se presentan en Chile y Colombia. El país austral, a pesar de exhibir un superávit de 7% del PIB, a diario sube las tasas de interés, y Colombia las incrementa al ritmo del desplome de la producción. Los dos baluartes del neoliberalismo han entrado a sendas de crecimiento de 3% y aumento del desempleo.

La crisis mundial no puede ser atribuida a factores exógenos de la naturaleza; tanto la iniciación como la extensión fueron causadas por los bancos centrales. El balance es desafortunado a todas luces. Para bajar temporalmente la inflación en dos puntos porcentuales, se precipitó a medio mundo en recesión y desempleo.

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