Las declaraciones del alcalde Petro sobre la propuesta de su campaña de integrar las empresas públicas distritales causó las más variadas reacciones e interpretaciones. El debate llega en un buen momento y contribuye a aclarar el papel de las privatizaciones y las empresas mixtas del Estado.
Las organizaciones mixtas, como el ISS, Contel, varias empresas de servicios públicos, algunas EPS, que surgieron como transiciones de las privatizaciones públicas, han venido operando dentro de un marco que tiende a favorecer a la parte privada con respecto a los intereses públicos y crear condiciones para la privatización final. En el caso reciente de Contel, que recibirá una capitalización aprobada por el Congreso de $3,5 billones, quedó al descubierto que las empresas pierden para trasladarles los costos a los contribuyentes y obtener altos réditos en las unidades de mayor propiedad del consorcio. En otros casos, las utilidades se retiran o se destinan a títulos financieros y, al mismo tiempo, se emiten acciones, reduciendo la participación oficial. No faltan las empresas con ebitda de 50% y buenos índices financieros, mejores que los de las empresas privadas, pero con bajos niveles de inversión que limitan su crecimiento y dan pie para justificar la privatización.
La separación de las empresas, como sucede en el Distrito con las empresas de energía, EEB, agua, EAAB, y teléfonos, ETB, para que operen aisladamente con criterios empresariales es de la misma familia de las privatizaciones. Se considera que la rienda suelta a las empresas para que obtengan las mayores ganancias redunda en el mayor bienestar para la sociedad. Sin embargo, la experiencia mundial y nacional muestra que esta visión fracasó y es una de las responsables de que la mitad del aumento del ingreso nacional mundial quede en el 1% más rico.
El manejo centralizado y coordinado de las empresas permitiría encauzar los beneficios de la propiedad pública en favor del interés común. En el fondo, no es más que una metodología de planificación para lograr que las instituciones se ajusten a los propósitos del plan de desarrollo distrital, aprobado dentro del artículo 339 de la Constitución, y se alineen en torno a directrices y estrategias concretas.
Por ahora, los mayores beneficios de la integración distrital se verían en materia financiera. Durante mucho tiempo las empresas han operado con excedentes que se colocan en títulos financieros o se invierten en otros lugares del mundo; en la actualidad la EEB realiza importantes inversiones en Perú y Bolivia. Adicionalmente, la administración central ha operado con un endeudamiento de 1,5% del PIB, que no guarda relación con el tamaño de la ciudad.
En contraste, la EAAB se ha visto obligada a financiar las inversiones de largo plazo con grandes tarifas. Por su parte, la ETB tiene que acudir a socios estratégicos para realizar proyectos de alta rentabilidad y enfrentar la competencia de un consorcio internacional (Telefónica de España) que tiene más de la mitad de la propiedad de Contel y dispone del aval del Gobierno nacional. En este contexto, la constitución de un holding que permita un manejo más flexible y concertado de los recursos de las empresas contribuiría a fortalecer su capitalización, ampliar la cobertura y reducir las tarifas de los servicios, en especial para los estratos menos favorecidos.
El Distrito ha operado dentro de una austeridad que ha contribuido a la paradoja del rápido progreso de la ciudad y los elevados índices de desigualdad. La construcción de una sociedad menos excluyente que permita elevar la posición relativa de los sectores menos favorecidos requiere una visión financiera más guiada por criterios sociales que mercantiles.